Óscar Vela Descalzo

‘El ruido del tiempo’

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El compositor ruso Dmitri Shostakóvich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975), fue uno de los artistas que debió sucumbir ante el poder para rescatar sus obras de la censura y el olvido. Todo empezó una noche de 1936 cuando el músico asistió a la representación de su célebre ópera ‘Lady Macbeth de Mtsensk’. En el palco de autoridades se encontraban los camaradas más representativos del Partido Comunista de la Unión Soviética: Mólotov, Mikoyán y Zhdánov, pero además estaba allí el propio Stalin, que se había ubicado estratégicamente detrás de una cortina.

Tanto el director como los músicos de la orquesta, nerviosos por la presencia del líder y de sus principales acólitos, tocaron aquella noche con un vigor y una impericia inusitados, en especial los instrumentos de percusión que se encontraban, por desgracia, más cerca del palco de autoridades.
Poco antes del cuarto acto, todos los miembros del gobierno soviético abandonaron el teatro.

Shostakóvich, que había sido considerado como un prodigioso músico desde niño, alabado y admirado luego como uno de los compositores más importantes del siglo, se encontró de pronto con el veto irracional de su obra en todo el territorio soviético. Stalin, de quien se dice era aficionado a la música aunque no un gran conocedor de la misma, se encargó de demoler al compositor acusándolo de que su obra era decadente, reaccionaria y estridente.

Años más tarde, tras haber sufrido las consecuencias de la prohibición y de haber pasado verdaderas penurias económicas, Shostakóvich se alineó (se dice que de labios para afuera) con el gobierno soviético, y sus obras volvieron a sonar en los principales teatros del país. A partir de ese momento fue acusado por los opositores de traidor y felicitado por los comunistas por haberse mantenido de pie y en la línea ideológica del partido. Pero pocas personas sabían que apenas un tiempo antes, en 1937, por alguna razón el gran líder había decidido que lo iba a terminar perdonando (o reclutando), y así fue, pues aquel año fue llamado a interrogatorio por participar en un supuesto complot para asesinar a Stalin. El famoso interrogatorio, antesala de una segura ejecución para él y los suyos, se suspendió de la forma más extraña y más tarde se supo que el interrogador había sido arrestado como sospechoso.

Julian Barnes (1946), uno de los mayores exponentes de la narrativa inglesa contemporánea, describe la vida de Dmitri Shostakóvich en esta conmovedora novela titulada ‘El ruido del Tiempo’, que desarrolla su trama durante el sanguinario gobierno de Iosif Stalin, quizá el peor de los criminales de la historia de la humanidad.

La historia de Shostakóvich y Stalin es un retrato fiel y descarnado del hombre humillado ante el poder absoluto, pero además es la muestra desgarradora del arte como expresión de la obsecuencia antes que de la libertad de inspiración y creación: una suerte de lágrima suspendida en un lienzo, en un libro, en una nota musical...