Diego Araujo Sánchez

Elogio del periodismo

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Son conocidas las clasificaciones del periodismo según su ámbito temático, y que dan lugar a las secciones tradicionales de los diarios: política, economía, cultura, sucesos, etc.; o según la territorialidad: nacional, internacional…; o por la naturaleza del medio: periodismo impreso, periodismo digital… Pese a la variedad clasificatoria, en un reciente artículo en diario El País, Miguel Ángel Bastenier pone de relieve un elemento común en todos los tipos de periodismo: la naturaleza de la formación que debe tener quien lo ejerce.

En esa formación del periodista es indispensable la familiaridad con la lengua y la literatura. La lectura constituye el instrumento más importante de trabajo, su primera obligación. La lectura por lo menos de las grandes obras de la literatura en su propia lengua e “inmediatamente antes o después”, la lectura de los periódicos. Junto a estas, otra obligación es la calle, recuerda Bastenier, es decir, el trabajo del reportero, el contacto con la gente, la experiencia vivida. Habría que agregar a las lecturas que señala el artículo, otras aún más importantes, las lecturas de la realidad…

El autor ejemplifica en el periodismo de sección y, de forma específica en el de internacional, la aspiración generalista o de “todólogo” del periodista, no en el sentido de conocer un poco de todo sino lo suficiente de lo que sea necesario saber. Para Bastenier, “el generalista tendrá, por añadidura, tanto si trabaja dentro como fuera de la redacción, un terreno de especialización propia en la que aspire a ser al menos tan bueno como el mejor. Su pretensión, sin duda luciferina, será la de convertirse en el periodista total”. Y, recordando los peligros de los reporteros en lugares de conflicto bélico, recomienda un “estómago a prueba de bombas”. La inferencia esencial de su comentario es señalar la esencia humanista del ejercicio del periodismo.

Me parece que esa formación para los periodistas es más importante en estos días porque les permitirá contar con un elemento integrador, una visión y una teoría crítica para discernir lo esencial y desechar la paja entre la fragmentación y el desbordante flujo de información en la Internet y las redes sociales.

Ninguna tarea ha sido tan descalificada y ha recibido tantos ataques en el Ecuador de los últimos años como la de los periodistas y de los medios que no controla el Gobierno. En este contexto adverso, los periodistas en nuestro aquí y ahora, para glosar a Bastenier, han de tener un estómago a prueba de las cadenas y la publicidad oficial estigmatizadora, los calificativos denigrantes e injustos endilgados desde el poder contra ellos y los medios, el afán de controlarlos y convertir el derecho a la comunicación en un servicio público.

Urge reivindicar la tradición humanista del periodismo ecuatoriano cuya historia para quien la conoce sin prejuicios y anteojeras honra a la cultura nacional y las luchas por los derechos humanos, la libertad, la justicia y la democracia en el país.

Columnista Invitado