Carlos Jaramillo

Elección trascendental

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La Gran Colombia se conformó en 1819, con la participación de Venezuela; Nueva Granada, que luego se llamó Colombia y de la que formaba parte Panamá, y Ecuador, con la denominación de Distrito Sur, pero a fines de 1929 se separó Caracas, el 13 de mayo de 1830 Quito y seis días más tarde Guayaquil y Cuenca, con lo que se esfumó el sueño de Simón Bolívar de una Patria grande, para competir económica y políticamente con las potencias de Europa y América.

De inmediato una Junta de Notables resolvió en Quito la creación de un Estado independiente y designó Jefe Supremo de Gobierno al general venezolano Juan José Flores, quien convocó una Asamblea Constituyente, que expidió en Riobamba la primera Constitución del Ecuador y lo designó Presidente Provisional. El 22 de septiembre de 1830 se promulgó esa Carta Suprema y Flores asumió la Presidencia Constitucional de la República y José Joaquín de Olmedo la Vicepresidencia. Fueron los primeros Mandatarios de la flamante República del Ecuador.

Cuatro años más tarde Juan José Flores fue sustituido por Vicente Rocafuerte y así sucesivamente hasta que el actual mandatario asumió el 15 de enero del 2007 y se convirtió en el presidente que permanecerá más tiempo y en forma ininterrumpida en el Poder, hasta el 24 de mayo del presente año, esto es un total de diez años, cuatro meses y nueve días, fruto de una elección y dos reelecciones consecutivas, lo que permite por primera vez la tan cuestionada Constitución del 2008.

Ahora está ad-portas el balotaje, que enfrentará en las urnas, el 2 de abril próximo, a los dos finalistas de la primera vuelta: el binomio de Alianza País formado por Lenin Moreno y Jorge Glas, que tuvo mayor votación en esa ocasión y el binomio de Creo – Suma, de Guillermo Lasso y Andrés Páez, que, según las encuestas que han sido publicadas, esta vez tiene ventaja. Sin duda esta elección es trascendental por las circunstancias que atraviesa el país y será muy reñida. Habrá que esperar hasta que el CNE anuncie los resultados oficiales, que esta vez serán menos complejos pero más vigilados por la desconfianza de pare y parte en los escrutinios.

Lo grave es que prosiguen la campaña sucia; acusaciones al contendiente, con o sin sustento y el baratillo de ofertas, que probablemente no podrán ser cumplidas en su mayoría, básicamente por el estado desastroso de la economía y el desprestigio por la corrupción, así como por otras trabas que heredará el ungido. Treinta o cuarenta universidades, un millón de nuevos empleos, miles de casas gratis para lo cual ya reciben solicitudes, más bonos, rebaja de impuestos, derogatoria o reforma de leyes, reestructuración de instituciones fundamentales, recuperación del respeto a la dignidad y las libertades son algunas de las numerosas promesas con las que obnubilan e ilusionan a los votantes, que más temprano que tarde, exigirán su cumplimiento.