Marcelo Ortiz

La Elección

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14 de February de 2013 00:00

En pocos días terminará la incertidumbre que, como nunca antes, vivió nuestro pueblo por la polarización electoral instrumentada por esa variable política “revolucionaria” que impuso otras características inéditas a las elecciones de 2013, porque hay reelección presidencial inmediata de quien ejerce el poder, con el agravante de que su gobierno absorbió a todas las instituciones que forjaron nuestra vida democrática, y cubierto con ese manto que incluyó al árbitro electoral, logró saturar de propaganda directa para arrinconar a los contendientes, a la vez que desarticuló a la oposición con candidaturas que no sacaron ventaja de los casos emblemáticos: valija diplomática, crédito al argentino Duzac, y la huida de su primo Pedro Delgado.

Antes del domingo 17 de febrero, tan costoso por el exceso publicitario, habrá el silencio electoral de dos días ¿Serán útiles para meditar la decisión final? O agravarán la tensión psicológica al escoger candidatos y rayar cuatro papeletas: una presidencial, la 2ª.de asambleístas nacionales, la 3ª de asambleístas provinciales y la 4ª de diputados del inútil Parlamento Andino, luego depositar en las urnas, volver a los hogares y esperar larguísimos minutos para que se difundan los resultados numéricos no oficiales, pero tampoco sesgados a las candidaturas del gobierno.

El pueblo ya ha difundido el anhelo de que permitan la difusión de datos recogidos por entidades independientes a cuya cabeza está Participación Ciudadana o Fundamedios. Además, que no solo sean transmitidos por emisoras y estaciones televisivas oficiales como los canales incautados Gamatv, TCtelevisión y el gubernamental Ecuador TV, sino también por todos los medios audiovisuales independientes que existen todavía a lo largo del país.

El pueblo compelido a sufragar, una vez salido de los recintos electorales, ya no ejerce ningún acto vigilante de la ruta que se inicia al abrir las urnas por parte de las juntas electorales y hacer constar cifras totalizadas en “Actas de escrutinios” que alimentarán a los discos duros que constituyen la memoria de costosas máquinas electrónicas. Situado ese ente abstracto de pueblo-soberanía popular fuera del escaneo de votos, de juntas intermedias innecesarias que ejercerían una dudosa contraloría numérica, y al final de las 24 juntas provinciales con vocales no independientes, se debería confiar que no serán alterados esos sufragios por ningún poder extraño incorporado en alguna instancia. Por fin, sin suficientes argumentos para escoger métodos de distribución de sus representantes en la Asamblea, se llegará a esa fase culminante del proceso con la aplicación del método D’Hondt que tiene divisores continuos para distribuir a los triunfadores en las listas de asambleístas provinciales, y con otro sistema llamado Webster.