Antonio Rodríguez Vicéns

Egolatría, mentira y soberbia

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El Ecuador ha sido bendecido: tiene un hombre providencial, infalible, insustituible e invencible, cuya ausencia lamentará muy pronto. Quien llegare a sustituirlo, salvo si fuere el candidato oficial, heredero por ósmosis de sus excelsas virtudes y sus milagrosas e inmarcesibles ideas, quebrará al país en tres meses. Aunque está convencido del triunfo electoral, pensando en “escenarios improbables”, con su enredado y pedestre manejo del idioma, ha profetizado: “En lo poco que puedan hacer, quiebran el país y verán que en un año estarán pidiendo elecciones anticipadas, que la Constitución lo permite y con la muerte cruzada, y tendré que volver a presentarme en elecciones y vencerlos nuevamente”.

¿Cómo -me pregunto- podrán quebrar un país que él ya deja quebrado? ¿No comprende que el próximo gobernante, sea quien fuere, al asumir y enfrentar su tarea con responsabilidad, tendrá que adoptar medidas muy duras para superar la crisis que ha creado en el país el equivocado y sectario manejo de la economía? ¿Es que acaso piensa utilizar en su beneficio político los efectos de esa quiebra y el difícil proceso de recuperación? ¿No tiene conciencia de la falta de inversión extranjera, del deshonesto despilfarro de los recursos públicos, de la inmensa y atosigante deuda externa que se convertirá en un dogal para las futuras generaciones, del crecimiento inusual del estado y de su pesada carga burocrática, de las altas cifras de desempleo y subempleo?

Ha añadido -contumaz atropellador del orden jurídico- lo siguiente: “No van a lograr las cosas que están proponiendo, es inconstitucional, requiere reforma legal…” ¿Nos está anticipando la táctica de una eventual oposición? ¿No recuerda que fue elegido para un período de cuatro años, sin reelección inmediata, y que, mediante violaciones constitucionales, ficciones jurídicas y una deshonesta retroactividad, impuso sus diez años? ¿No recuerda el asalto al Tribunal Supremo Electoral, la destitución de cincuenta y siete diputados, la toma del Tribunal Constitucional y su posterior autoproclamación como Corte Constitucional? ¿No es consciente de que ha arrasado numerosas veces la legalidad y ha destruido el estado de derecho?

¿Esas afirmaciones descubren la estrategia que impondrá el correísmo en el caso de perder las elecciones presidenciales? Teniendo el control político de la mayoría de instituciones y organismos públicos, integrados por sus representantes (Asamblea Nacional, Corte Constitucional, Corte Nacional de Justicia, Consejo de la Judicatura, Consejo de Participación Ciudadana, Fiscalía General, Defensoría del Pueblo, Contraloría, Procuraduría), ¿tratará de maniatar al próximo gobierno y responsabilizarlo de la crisis que, durante los últimos diez años, ha ido creando? ¿No le importará la grave situación del país ni colaborará en la adopción oportuna de soluciones? ¿Sólo buscará volver al poder?