Opinión
Patricio Quevedo

De Egipto al Yasuní

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21 de August de 2013 00:01

La semana noticiosa fue colmada plenamente tanto por los trágicos episodios ocurridos en Egipto, cuanto por los datos vinculados con el fracaso de la iniciativa Yasuní, desenvuelta en un sitio de privilegiada biodiversidad hacia el extremo oriental de nuestro territorio.

Frente a estos dos rubros, bien puede decirse que todos los demás resultaron opacos y desdibujados. Excepto esta circunstancia, no muchas otras que marquen analogías valederas, inclusive así sucedió con el insólito evento de los caudalosos despidos que tuvieron lugar entre el personal del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, el nunca bien ponderado IESS y con las escaramuzas relativas de una manera u otra con el tema de las reelecciones inmediatas, pretendidas por diversos magistrados públicos.

Luego de los fervores propios de la llamada "primavera árabe" ahora el optimismo es mucho menos considerable y múltiples analistas y comentaristas han dicho que el camino dirigido hacia el establecimiento de verdaderas democracias dentro de los países árabes del Cercano Oriente y del norte de África, demorará todavía un largo tiempo, aun si se diera el alumbramiento de la forma de gobierno aclamada siquiera sea de palabra, en todo el Occidente.

Así parece evidente. No hay cómo prescindir en el estudio de los enraizados factores de múltiple cariz: los de índole racial, de carácter social; por supuesto los religiosos y ni qué decir de los económicos, con una notable gravitación hacia el petróleo ricamente depositado en el subsuelo de tales parajes. Aún deben sumarse a todas la problemática, los elementos históricos y hasta los de aspecto geopolítico, que apuntan hacia el inmediato futuro de los pueblos correspondientes.

Como consecuencia no es realista, por desgracia, esperar un cambio a muy corto plazo ni una mejoría de la situación. Acaso sea indispensable una labor de varias generaciones, sistemática y continuada, para que se puedan recoger satisfactorios frutos. El peligro más grave viene de la impaciencia de colectividades deseosas de forzar el ritmo de la historia, colectividad que por lo demás registran penosas crónicas de esperanzas y frustraciones y son por las mismas razones proclives el engaño de remedios instantáneos y a los cantos de sirena de la demagógica y el facilismo.

A la vez, por lo que toca al proyecto Yasuní y la aspiración de mantener buena parte de la reserva hidrocarburífera en el subsuelo. Solo con motivo de las más recientes evaluaciones se han reconocido algunas flaquezas, sobre todo se ha hecho notar la insuficiente coherencia y sistematización de un empeño que requería precisamente de una diáfana claridad y una solidaridad constante de todos los estamentos ecuatorianos, dado lo innovador del proyecto y la frialdad con la que se acogen diversas fórmulas, justo en el ámbito de los países más ricos y los que más culpa han tenido en el deterioro acelerado de las condiciones para una vida digna y saludable que a todos beneficie.