10 de May de 2010 00:00

Efeméride olvidada

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Jorge Salvador Lara

Según me lo recordó un distinguido amigo versado en asuntos de la Patria, el 13 de mayo de 1830 –esta semana se cumplirán 180 años- tuvo lugar en Quito una asamblea en la que se suscribió con enorme alborozo el Acta que vino a ser partida de nacimiento del Estado ecuatoriano.

Los asambleístas se reunieron en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, antes San Gregorio Magno, denominada Central del Ecuador según decreto de Bolívar, ubicada frente al mismo Palacio de Gobierno.

En efecto, la antigua Real Audiencia de Quito, ya para entonces llamada Departamento del Sur, constituyose en Estado libre e independiente, tomando en cuenta que había quedado sola en la Gran Colombia creada por Bolívar, quien , dejando el mando, se había dirigido a Cartagena rumbo a Europa.

Frente a todo ello el Dr. Ramón Miño, procurador general del Municipio quiteño, apoyado por el Cabildo, se dirigió al Gral. Sáenz, prefecto del Departamento del Ecuador (medio hermano de Manuelita), y le pidió convocar a las corporaciones y notables de la ciudad.

Reunidos 120 personajes, los más importantes patriotas, incluidos viejos próceres escapados de la muerte y las mazmorras, y los superiores de las comunidades religiosas, suscribieron aquella acta histórica, “en ejercicio de su soberanía”.

Testigos de la crisis de Colombia, consideraron necesario, para salvarse de la anarquía, organizar “el gobierno más análogo con sus costumbres, circunstancias y necesidades, y constituir un Estado libre, independiente, con los pueblos comprendidos en el Distrito del Sur y los más que quieran incorporarse...”.

La misma Acta encargaba el mando supremo civil y militar, con plenos poderes, al Gral. de División Juan José Flores, jefe del Sur, le encargaba recabar las Actas de Adhesión de todos los pueblos que debían conformar el nuevo Estado y, 15 días después de recibirlas, dictar una ley de elecciones para, en un plazo de cuatro meses, convocar Congreso Constituyente.

Este se reunió en Riobamba presidido por el doctor José Fernández Salvador; dictó la Primera Constitución -con normas básicas en lo esencial aún mantenidas y también errores no subsanados pese a los cambios de nuestro abigarrado constitucionalismo-.

El nuevo Estado así formado se denominó “Ecuador”; el propio general Flores, considerado ecuatoriano por nacimiento dados sus eminentes servicios, fue elegido presidente y vicepresidente del doctor José Joaquín de Olmedo.

Don Jacinto Jijón reunió en su Archivo las actas completas “del distrito del Sur”, hoy República del Ecuador, y en 1922 las publicó íntegras en un solo volumen.

No obstante el 13 de mayo, fecha de nacimiento del Estado ecuatoriano que debería estar siempre sujeta a análisis, es efeméride generalmente olvidada.

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