Miguel Rivadeneira

Educación para la vida

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11 de agosto de 2014 00:00

Dos resultados importantes han sido revelados recientemente en torno al sistema educativo, a cargo del Instituto Nacional de Evaluación, Ineval. El uno la evaluación Ser estudiante y el otro Ser bachiller. Hay que partir de una premisa: una evaluación no puede servir solo para buscar culpables cuando se necesita estar conscientes de la problemática, identificar los nudos críticos y encontrar los correctivos adecuados, ojalá de común acuerdo entre los diversos sectores y actores del sistema educativo, dentro de un modelo incluyente. Lo peor que puede pasar es excluir a alguno o algunos de ellos y tratar de imponer los modelos.

La política para lograr estándares educativos es vital y positiva para saber en qué terreno se pisa y hacia dónde se apunta el desarrollo en este campo. Consolidar las fortalezas que se han encontrado pero también trabajar en las debilidades del sistema. Una de ellas es fundamental y representa la calidad, el sistema de enseñanza y el impulso a la capacitación permanente de los docentes. La educación no puede ir más allá de lo que son y pueden dar los docentes.

No hay que olvidar que, como prueba de los correctivos a tomar, dentro de estos procesos continuos de evaluación, se determinó que solo el 4% de los maestros evaluados de inglés dominaba este idioma. ¿Cómo puede exigirse suficiencia a los alumnos si los profesores en este campo no lo tienen? Otro tema latente, como reconociera en Ecuadoradio el director del Ineval, Harvey Sánchez, es la alta inequidad que se mantiene en el sistema educativo. Unos bien y otros mal. Se destaca que el 57% de los bachilleres logró notas satisfactorias aunque se observa una falla en la enseñanza de matemáticas cuando se detecta que cerca del 30% no alcanza el nivel más elemental.

De qué sirve el aprendizaje de las materias si no saben resolver un problema concreto en la familia o en el contacto diario, no los deberes obligados y muchos de ellos que no entienden y resultan tareas para los padres o parientes. Se requiere profundizar en la calidad y no solo la cantidad. Se necesita que los estudiantes tengan un entorno positivo y no sufran por deficiencias en la alimentación y la salud y peor cuando provienen de familias disfuncionales. Hay que ir a las causas y no solo enfrentar los efectos.

Más allá de los hechos puntuales de las materias es un desafío la educación para la vida a fin de que los estudiantes no solo repitan lo aprendido, sino que desarrollen sus destrezas y habilidades con razonamiento lógico y sepan desenvolverse con ideas de emprendimiento. Una educación para la democracia y el respeto a la institucionalidad, al ordenamiento jurídico, a las libertades y a los DD.HH., con buenos ejemplos y no con intolerancias y permanentes insultos que hastían a la gente, incluso contra adultos mayores pese a que ellos mismo aprobaron normas que prohíben la discriminación.