Jorge Ribadeneira

Educación superior

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7 de April de 2013 00:01

Hasta los años cuarenta Quito tenía un solo centro de estudios superiores, según nuestros cálculos. Nada menos pero nada más que la Universidad Central del Ecuador. Algo así como una fábrica de doctores, con sus altos y bajos, originada en 1621 y confirmada -con ese nombre- en 1836, por el presidente Vicente Rocafuerte en persona. Allá por 1946, en tiempos de Velasco Ibarra, apareció, en una casa del centro, cerca de la plaza de Santo Domingo, la Universidad Católica, con los jesuitas Espinosa Pólit y el doctor Víctor Hugo Bayas Valle a la cabeza. Pocos años antes, un socialista -Emilio Gangotena- realizaba esfuerzos, finalmente fallidos, para impulsar la Universidad Llamarada.

Lustros más tarde, especialmente luego de que el Ecuador se convirtió en país petrolero (1972), cambió el panorama y brotaron universidades de los más diversos niveles y categorías. Fue en número tan alto que en los últimos años, especialmente durante este período gubernamental, surgió un justificado afán por exigir mayor calidad, mejores profesores y menor afán de ganancias.

Solo en Quito nos vienen a la memoria -a más de la Central y la Católica- la Politécnica Nacional, la San Francisco (cuyo rector es Santiago Gangotena, hijo del socialista que intentó la 'U' Llamarada), la 'U' de los Hemisferios, la UDLA, la Internacional, la UTE, Sek, Salesiana, Pérez Guerrero, Israel. Perdón si se nos escapa alguna. Se habla de que en el país hay 86 extensiones universitarias. Total, un tema importante al que se unirá la Ciudad del Conocimiento Yachay, con toda una serie de promesas e ilusiones.

Últimamente surgió el tema -problemático hasta ahora- de las jubilaciones y sus reemplazos en las universidades. No faltó un inesperado choque entre el rector de la Central, Édgar Samaniego, y René Ramírez, el gran jefe de la educación superior. Samaniego quiere que baje el ritmo de las jubilaciones a los catedráticos universitarios. Los directivos, bajo el mando de Ramírez, decretaron la jubilación a los 70 años y el Rector dice que afronta ya 300 vacantes y luego vendrán otras cientos.

Algo muy importante y delicado es el tema de los reemplazos. La oferta oficial es llenar los vacíos mediante el programa "Prometeo viejos sabios", en buena parte con profesores extranjeros y PhD por añadidura. Muy bien, pero ¿será posible tanta belleza? Hay una circunstancia interesante, que cabe poner de relieve. Todas las partes -el jefe Correa, el capo Ramírez, el rector Samaniego- quieren el mejoramiento de la educación superior ecuatoriana. Todos queremos que eso suceda. Pero hay una pregunta en marcha: ¿No se quiere ir muy rápido? ¿No es una tarea que requiere preparativos, plazos, planes? Bien por todos los avances. Pero que un ciudadano tan calificado como don René no se enoje cuando le visite una marcha pacífica.