Rodrigo Fierro

Educación pública: Pido la palabra

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Con el mismo título que este artículo, en mis dos anteriores comencé señalando que la educación estatal era un desastre nacional hasta cuando se inició el gobierno de Rafael Correa. Exponía razones para sostener que el cambio se estaba dando como respuesta a una política de Estado: educación de calidad, en todos los niveles. Ponderaba, además, la racionalidad que significa la integración entre educación superior y desarrollo científico y tecnológico. Un acierto la creación de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Senescyt). Creí oportuno señalar entre otros extremos, que con el Examen Nacional de Estudios Superiores concluía el libre ingreso a las universidades con 50 años de retraso en relación a Colombia, sin ir muy lejos.

Como hay lectores que me están llevando al paredón por mis opiniones, no quiero irme solo. Antes de que se iniciaran las reformas decididas por el gobierno de RC: Jorge Salvador Lara: “El Estado incumple sus obligaciones con respecto a la educación. El censo de alumnos crece pero no en la proporción demográfica debida y menos aún respecto a la calidad de la enseñanza”, “Los intereses creados cunden por doquier, hasta el extremo que un contrato internacional del Estado para equipamiento científico de las universidades, cuya firma ha demorado años bloqueada por funcionarios en espera de medrar, ahora, ya suscrito, es nuevamente torpedeada, quizás por la misma causa”. Gustavo Vega, presidente del Consejo Nacional de Educación Superior: “Creo en la necesidad de instaurar un sistema de selección (para ingresar a la universidad)”. Enrique Ayala Mora: “Un libre ingreso, sin restricciones de ninguna índole, llevaría al colapso a las instituciones superiores estatales”.

En todos los países en los que se ha impuesto la civilización la educación es un proceso selectivo que se rige por iguales normas para todas las instituciones. Si de estadistas requerimos, para nuestro infortunio poco tienen de tales los más de los candidatos a la presidencia de la República: “Eliminaré el examen de ingreso (a las universidades)”, “Todos los jóvenes deben tener acceso a las universidades”. “Los sistemas de acceso deben tener cada universidad”. “La Senescyt debe desaparecer”.

Desde luego que en materia de educación y desarrollo científico y tecnológico, lo realizado por el actual Gobierno es susceptible de ser mejorado, complementado. Y así Paco Moncayo cree que se debe poner más atención en las carreras intermedias, en los institutos tecnológicos, y en esto coincide con el Secretario de la Senescyt. Lo que no puede admitirse por ningún concepto es lo que se le ocurrió escribir a un representante de la oposición ciega: “La supresión inmediata del examen ENES (el de ingreso a las universidades)…..para empezar”. ¿Para volver a lo de antes?