30 de March de 2010 00:00

VERGÜENZA PARA EL CLERO CATÓLICO

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Para los católicos, un pecado aberrante; para los enemigos de la institución religiosa, una oportunidad para reforzar sus críticas; para la sociedad en general, un crimen sin atenuantes.

Lo cierto es que en las últimas semanas las denuncias de pedofilia se han multiplicado. Los casos divulgados sacuden la imagen de una institución religiosa que ha dominado buena parte del espectro de Occidente durante 2 000 años.

Las denuncias que atañen a las prácticas sexuales de sacerdotes o religiosas con menores de edad escandalizan por un doble motivo. La práctica del celibato, condición exigida en la Iglesia de Roma para el clero, y la prédica antigua de la relación estable y monogámica practicada en pareja, han sido parte del discurso moral de púlpitos y de las recomendaciones para los fieles católicos.

Es verdad que los horrores conocidos no se refieren a todos aquellos sacerdotes que pueblan el clero (se calcula en 4 000 000 en todo el planeta), pero la intimidación y el abuso, la presión y la sodomización forzada a niños y jóvenes por parte de ciertos sacerdotes inescrupulosos debe sancionarse con todo el vigor de la Ley, sin espacio para privilegios.

The New York Times alude a un caso que habría conocido el actual romano Pontífice cuando era Arzobispo de Munich. El Vaticano lo ha desmentido.

Los casos que se han conocido y la eventual protección de la jerarquía eclesiástica contra aquellos que la han practicado exigen un ejercicio transparente y vertical y un público arrepentimiento y reparación a las víctimas.

Solamente así la Iglesia Católica puede recobrar la confianza lesionada. Quizá este sea un buen tiempo de reflexión y mea culpa.

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