Mediar en Venezuela

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La crisis que agobia a Venezuela mira en este momento el camino de una mediación entre el ­Gobierno y la oposición.
No se sabe si a esta altura, y cuando tanta agua ha corrido bajo el puente, la propuesta que se sugiere sea viable.

El Gobierno agrede verbal y físicamente a los opositores. Hay manifestantes presos y políticos detenidos. El suicidio, para evitar una cárcel inhumana, fue la salida desesperada de un opositor.

Mientras, en la calle, el descontento es creciente y la escasez de alimentos se vuelve crónica. Cíclicamente, las protestas reciben una dura represión.

En el frente internacional, la advertencia de Barack Obama al decir que el Gobierno de Venezuela puede causar problemas a Estados Unidos luce como una exageración. Esa expresión activó ciertas adhesiones a Nicolás Maduro, ignorando o superponiendo el sentimiento antiimperialista a la realidad de caos, inoperancia y violaciones a las libertades públicas, a los derechos humanos y al trabajo de la prensa independiente.

Las respuestas de Alba y Unasur, por ejemplo, se muestran muy solidarias con el establecimiento político venezolano, omitiendo pronunciamiento alguno por la grave situación que atraviesan la gente común y los opositores.

La idea de una mediación siempre es buena, pero no se sabe si en este caso es oportuna. Para que funcione debe haber apertura y compromiso de las partes.

El Gobierno tiene una tarea delicada como mediador, ya que se ha pronunciado abiertamente a favor de Maduro.