15 de May de 2012 00:03

LAS VEEDURÍAS

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Uno de los cambios filosóficos que se proclamaron con la vigencia de la nueva Constitución fue la participación ciudadana. Se hablaba de superar esquemas del pasado, donde solamente los partidos y sus cúpulas dirigentes decidían sobre las políticas de Estado.

Surgieron paralelamente dos instituciones: los organismos constitucionales de control social y participación ciudadana, elevados a categoría de función del Estado, y las veedurías, un espacio más informal y abierto para supervigilar los procesos públicos.

Pero los dos caminos no han funcionado como se presumía. En el caso de la función del Estado, los cuestionamientos a los procesos de selección, la influencia política y la falta de independencia terminan condenándola por los mismos vicios que le dieron razón de ser. Su operatividad ha sido puesta en duda también por la poco práctica tramitología de los procesos emprendidos. En cuanto a las veedurías ciudadanas, queda en duda su validez. Muchas recomendaciones de los veedores no han sido tomadas en cuenta.

En relación con los veedores a los que el Presidente de la República encargó el caso de Fabricio Correa y sus contratos con el Estado, se reunieron durante varias jornadas, elaboraron largos documentos y los presentaron a la Contraloría. Pero no solamente no se tomaron en cuenta sus recomendaciones sino que fueron acusados por la Fiscalía de emitir falso testimonio en su reporte final.

A tal punto ha llegado el caso, que ellos han empezado un peregrinaje por distintas embajadas pidiendo asilo político, porque consideran que no cuentan con garantías para seguir en el país. Los veedores temen por su condición.

El concepto de la participación está cuestionado.

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