18 de March de 2011 00:00

TENSIÓN ENTRE GOBIERNO E IGLESIA

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En la formulación del deber ser, la Iglesia no se ocupa de temas relativos al poder temporal. En la práctica, la acción pastoral en la provincia oriental de Sucumbíos ha tenido un marcado matiz social.

En noviembre, la Iglesia Católica nominó a monseñor Rafael Ibarguren como vicario de Sucumbíos. A él le precedió monseñor Gonzalo López Marañón. Aunque ambos prelados deben obediencia al Papa, el tono de su labor puede interpretarse como de visiones distintas al aplicar el Evangelio.

La pastoral de monseñor López Marañón y los Carmelitas Descalzos tuvo un marcado acento social. Así lo reconoció su comunidad y así se ha expresado en manifestaciones públicas cuando muchos ciudadanos protestan por el nombramiento de la nueva autoridad de la Iglesia. Los Heraldos del Evangelio responden a una visión más tradicional y ortodoxa.

Con el liberalismo las relaciones entre Iglesia y Estado se rompieron. El laicismo se instauró en el Ecuador y se cuestionaron las propiedades de la Iglesia. La visión liberal se afirmó en las constituciones de 1895 y 1906. Fue en 1937 cuando el encargado del poder Supremo, Federico Páez, decidió establecer un documento con el Romano Pontífice Pío XI que se llamó Modus Vivendi. Ambos Estados -Ecuador y El Vaticano- debían tener representantes diplomáticos y la Iglesia podía volver a la enseñanza.

Para el nombramiento de autoridades eclesiásticas se debía proceder de común acuerdo entre la Iglesia y el Gobierno. Si se nombra un prelado y en un mes el Gobierno no lo objeta se interpretará como aceptación. El Jefe de Estado ha mostrado disconformidad en público, más de tres meses después de nombrado el Obispo, lo cual a su vez ha provocado reacciones. Una tensión compleja e innecesaria.

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