13 de July de 2010 00:00

SICARIATO: EL ROSTRO DEL DELITO

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El incremento paulatino de la violencia y la delincuencia ya no es solamente el reflejo de noticias aisladas y crónicas alarmistas. Los ecuatorianos consideran que la violencia, el crimen y la inseguridad son problemas graves que los asfixian aún más que el desempleo y la crisis económica.

El fin de semana, el poblado de Palestina, en la provincia del Guayas, fue sacudido por las detonaciones de asesinos encapuchados que acabaron con la vida del Alcalde Municipal.

Mientras los legisladores proponen reformas legales para tipificar el sicariato, los ajusticiamientos y crímenes violentos crecen, la ciudadanía se siente presa de la indefensión.

Sí, porque la impotencia de la institucionalidad es manifiesta. La Policía se queda corta en la lucha contra el delito o sus filas son penetradas, como ocurrió con una banda de sicarios detectada en Los Ríos. El fin de semana se denunció que uniformados utilizaban para su uso personal vehículos robados.

Los policías señalan a los jueces, los jueces apilan causas pendientes, aluden mandatos legales y emiten boletas de excarcelación y el poder político se muestra impotente.

Lo cierto es que entre sicariatos y ajusticiamientos, la realidad nos conduce a pensar que el crimen organizado se está afincando en la sociedad ecuatoriana. Las mafias de la droga, que cundieron en la vida cotidiana en Colombia y aquellas que aprovecharon la corrompida debilidad institucional de México hasta convertirlo en tumba de 30 mil personas, amenazan al Ecuador. Aquí, en cándida actitud, se permite el ingreso de extranjeros sin visas, mientras a nuestros compatriotas les impiden entrar a todas partes.

Ya es hora de una respuesta oficial seria. En vez de tanta propaganda, el país demanda acciones efectivas.

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