Quito y su fragilidad

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Una vez más queda al desnudo el riesgo que corre la ciudad, esta vez por un gran deslizamiento de material lodoso.

El percance trajo la noticia dolorosa de la muerte de una persona en el deslave y el bloqueo de canal que conduce las aguas del río Pita hacia la loma de Puengasí. De esa fuente depende el 25% del abastecimiento de agua de la ciudad, es decir, la cuarta parte de los habitantes de la capital.

Las consecuencias inmediatas: la falta de agua, el clamor colectivo por el liquido elemento indispensable para todo: bebida, cocina, limpieza, etc.

La suspensión de clases en la ciudad fue un primero paso, secundado por esa medida en toda la urbe. Ayer, llegó la información del cese de labores de la administración pública y la recomendación discrecional para las empresas privadas.

El canal que conduce las aguas del río Pita, fuente indispensable y primordial del agua, fue protegido ante eventuales impactos de erupciones volcánicas.

Pero la construcción de una escombrera, loma arriba, no parece ser la mejor decisión, visto lo sucedido. Acaso se debió proteger el canal como ahora se procede. Hay que hacer un peritaje técnico e investigar responsabilidades.

Esta dura noticia -por la pérdida de una vida y el daño a los vecinos- muestra una vez más la fragilidad de una ciudad que depende de factores humanos o naturales complejos de eludir y exige previsiones para evitar que los habitantes queden en la indefensión.