Protestas y lecciones

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El día de paro convocado por el Frente Unitario de los Trabajadores y la llegada a Quito de la marcha indígena y social tuvieron un ingrediente: el factor sorpresa.

Si bien anteayer se produjo una tímida y parcial entrada de los manifestantes a la capital, para dar continuidad a la larga marcha iniciada en la zona oriental sur del país; en la mañana de ayer varias de las principales vías fueron bloqueadas en distintas provincias.

La idea de quebrar el paro con la alianza entre el Gobierno y los choferes no cumplió el objetivo de garantizar una movilidad normal. La dirigencia de la Conaie desempolvó una vieja táctica.
En la tarde y noche, las marchas hacia el centro de Quito duraron varias horas y fueron una demostración de inconformidad de la que se debiera tomar nota. Es muy lamentable que haya habido expresiones de violencia y confrontación.

Más allá de la objetiva pérdida económica que supone paralizar la producción y el abasto de alimentos, los comentarios oficialistas sobre el fracaso del paro fueron, al menos, apresurados o parciales.

Es usual que tanto manifestantes como Gobierno se queden con las imágenes y las evaluaciones que más les interesan, lo cual equivale, en este caso, a seguir en medio de discursos polarizados, en un momento en que no se puede ni se debe esconder los indeseables efectos de la contracción económica.

Así como quienes se manifiestan deben hacerlo preservando la paz, al Gobierno le toca sopesar las causas de la protesta y procesarlas debidamente.