La protesta estudiantil

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La semana que termina estuvo signada por hechos especiales. Las marchas de los trabajadores, indígenas y sectores sociales, la respuesta oficial en la tarima, y las fuertes protestas estudiantiles.

Dos colegios emblemáticos como El Montúfar y el Mejía, entre otros más, protagonizaron manifestaciones fuertes que recibieron una respuesta policial también dura. El saldo fue decidor: cerca de 300 detenidos, policías heridos, destrucción de la propiedad pública y privada y la separación de algunos estudiantes de sus centros de estudio. Se anuncian, además, condenas al amparo del nuevo Código Penal.

El Gobierno empezó a experimentar un escenario que le es poco familiar. Las protestas vienen de sectores populares organizados. Las marchas estudiantiles con las que bregó el Régimen fueron esporádicas. Era la foto del país que conocimos en gobiernos anteriores y que mostraba una relación social convulsa.
Lo curioso de todo es que las explicaciones de los portavoces oficiales se parecían mucho a aquellas que daban las anteriores autoridades en tiempos de lo que el oficialismo llama la ‘partidocracia’.

En esas circunstancias, llamó la atención que el Presidente haya escogido, entre los centenares de posibilidades existentes, el Colegio Montúfar para hacer su sabatina. Si bien se ha explicado que la decisión fue tomada con anticipación, el hecho pudiera ser interpretado como un acto de autoridad y como una postura de desafío. Quizás el escenario político-social amerita más análisis y prudencia.