26 de June de 2010 00:00

LA PROHIBICIÓN COMO PEDAGOGÍA

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Informes médicos y sociológicos recalcan en los problemas severos de alcoholismo que tiene la sociedad ecuatoriana. Las autoridades los quieren superar, y evitar además su impacto en los niveles de violencia y la delincuencia con medidas represivas al consumo.

Pero la calentura no está en las sábanas. El consumo de alcohol en los menores es la cara más grotesca. Informes publicados por este Diario dicen que desde los 10 años se consume alcohol y según una encuesta de Proeps, el 47% de los jóvenes lo consume de modo excesivo. Hay problemas de control que rebasan el ámbito policial y causas severas que se encuentran en las prácticas familiares. Además, los menores no pueden comprar licor.

Es verdad que la violencia familiar, el mal ejemplo a los hijos menores, los accidentes viales y el ausentismo laboral se agudizan con el consumo de alcohol.

Pero de allí a pensar que se puede solucionar este problema restringiendo su venta y consumo un día a la semana es absurdo. ¿Qué diferencia al abuso del licor el sábado o el domingo de los demás días de semana?

Pensar que solamente pasada cierta hora de la madrugada o los domingos los delincuentes salen a hacer de las suyas, o los sicarios cometen sus atrocidades bajo efectos del licor, es tan descabellado como infantil.

¿Cuánto de la permisividad del control policial a los conductores ebrios se ha reducido y qué disposiciones hay al respecto? ¿Se ha desterrado el cohecho de los malos policías a los conductores ebrios?

Bien haría el Ejecutivo, en vez de tomar medidas que parecen bastonazos de ciego, coordinar acciones con las otras funciones del Estado para frenar el crimen. Bien haría, en vez de gastar dinero en campañas infamantes, promover propaganda cívica para crear conciencia ciudadana.

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