29 de July de 2010 00:00

LA POLÍTICA EXTERIOR

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No es la política exterior del país el escenario propicio para trasladar propósitos ideológicos intestinos ni prejuicios sectarios ni disputas por espacios de tarima y barricada.

De acuerdo a viejas normas constitucionales, hoy también vigentes, la conducción de la política exterior es responsabilidad del Presidente y su orientación de exclusiva competencia. Pero es indispensable desterrar la desviación que ha sufrido la Cancillería en los últimos tiempos, colocando en altos cargos a funcionarios alineados con el proyecto político-ideológico interno y cargados de prejuicios en la delicada política exterior.

No es cuestión de ‘momias cocteleras’, uno de los adjetivos con que se pretendió descalificar a los diplomáticos ecuatorianos. No. Es asunto de sentido común y de defensa de los intereses del país.

El Ecuador ha contado con profesionales con carreras diplomáticas de altos quilates, con personas preparadas académicamente y con conocimiento del oficio y sentido de mundo suficiente para equilibrar criterios y manejarse en el complejo ámbito internacional.

Es cuestión de claridad y ponderación. El Ecuador es un país soberano, que proclama apertura y amistad con muchos países del orbe y respeta sus sistemas de gobierno.

Su comercio exterior depende de una visión aperturista que demanda ideas frescas e iniciativas audaces. El Ecuador está situado geográficamente en occidente y su relación comercial depende de la venta de productos a los EE.UU., a los países vecinos y a la Unión Europea. El Ecuador debe mantenerse ajeno a aventuras geopolíticas exóticas.

La política exterior debería contar con una Cancillería profesional distante de agendas ajenas o de minucias de política interna y demandas de burós y corrillos parlamentarios.

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