La paz obliga a cuidarnos

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T ras largas negociaciones, la firma de la paz entre la narco-guerrilla de las FARC y el Gobierno de Santos está cerca.
Mucho ha sangrado Colombia por su conflicto interno. Muy dura es la oposición de la facción política del ex presidente Álvaro Uribe al acuerdo.

Muy labrado será el camino de la paz para superar una historia jalonada de violencias cruzadas permanentes.

El trabajo periodístico de EL COMERCIO presentado muestra algunos bemoles. El texto publicado este lunes ilustra la dura realidad en poblaciones colombianas cercanas a nuestra frontera. ‘Hablar de la guerrilla costaba la vida. Aun hoy es así’.
La zona de Puerto Asís dista 120 kilómetros de nuestra frontera en la selva oriental. Allí la muerte era cotidiana. En las cercanías hay extensas plantaciones de coca. Allí opera el activo Frente 48 de las FARC, involucrado en el narcotráfico. Muchas de esas transacciones clandestinas se hacen en Ecuador y las decenas de pasos fronterizos cobijados por la selva espesa son la mejor protección para el ilícito.

La comunidad ecuatoriana se pregunta sobre los coletazos que una firma de la paz pueda acarrear. La integración de los ex guerrilleros (mandos de tropa) a grupos criminales identificadas como Bacrim es temida.

El desplazamiento de cultivos a territorio ecuatoriano es una amenaza. Nuestras Fuerzas Armadas saben que ese es un reto que acecha desde hace años. Por ahora se preparan y esperan.