3 de March de 2010 00:00

PARTICIPACIÓN, ESPERANZA TRUNCADA

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El artículo 204 de la Constitución de Montecristi, cuando se refiere a la Función de Transparencia y Control Social, dice que “el pueblo es el mandante y primer fiscalizador del poder público, en ejercicio de su derecho a la participación”.

Esta es la aspiración de muchos ciudadanos que durante décadas buscaron una democracia más abierta donde el equilibrio de poderes sume la auténtica participación: abierta, plural, independiente.

Cuánta frustración deben tener los sectores sociales organizados al ver que su idea inicial sucumbe en un enredado y oscuro proceso de selección de los candidatos para formar una nueva función del Estado que tendrá en sus manos designar a importantísimos dignatarios.

15 de los 24 aspirantes al Consejo De Participación Ciudadana fueron objetados por distintos sectores. La Ley excluye a quienes estén vinculados a las directivas de los partidos pero se ha demostrado que varios de los aspirantes tienen nexos con partidos o, peor aún, con personajes del Gobierno. Además, se ha denunciado alteración de documentos.

El Presidente del Consejo Nacional Electoral reconoce que hubo omisiones en el proceso selectivo, ofrece verificar las denuncias y admite problemas en las pruebas .

Pero está claro que un concurso cuestionado y viciado no puede ser el punto de arranque de un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social que sustente la Función de Transparencia y Control Social.

Resultará una paradoja que el Quinto Poder, o poder ciudadano, nazca con un pecado original en tiempos de la llamada revolución ciudadana. Esta es la consecuencia de que la independencia no sea la norma vital que valide la auténtica participación que el pueblo demanda.

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