Es el momento

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La baja de precio del petróleo y la apreciación del dólar son los factores que definitivamente más impactan negativamente en la coyuntura económica; es decir, en la situación del sector externo y de las finanzas públicas. Esto, no obstante, podría ser visto también como una oportunidad. A veces los momentos difíciles abren oportunidades que no se las deben desaprovechar. Hay personas que aceleran en las curvas en lugar de frenar, sin embargo, hay que saber tomar las curvas para evitar accidentes.

La última ocasión en que se hizo una revisión del precio de los combustibles fue en enero del 2003. Son más de 12 años que no se ha abordado el tema de estos subsidios, salvo unos pocos ajustes a la gasolina de mayor octanaje llamada súper. La caída del precio del petróleo ha originado que el precio de la gasolina en países como Estados Unidos baje de forma importante, al punto que en algunos Estados de ese país el precio de venta al público de algunas gasolinas esté por debajo de los precios en el Ecuador. 

Esto evidencia que si el Gobierno decidiera introducir una pequeña y simple fórmula a la fijación de precios del hidrocarburo, es ahora precisamente el momento de hacerlo. Atar el precio del galón de gasolina al precio internacional del petróleo con una o pocas variables adicionales como el tipo de cambio, podría significar que si el día de mañana el precio del crudo sube o baja, automáticamente se ajustaría el precio de la gasolina en el Ecuador. Esto podría ser asimilado por el mercado sin mayor problema. Uno de los peores errores que se puede cometer en política económica es perder la oportunidad para optar por las decisiones.

Hay unas que son correctas y adoptadas en la magnitud debida, pero se las aplica a destiempo, en cuyo caso los beneficios se pierden y pueden acarrear más perjuicios que beneficios.

Es ahora cuando se puede implementar un mecanismo, técnicamente diseñado, para la fijación de los precios de los combustibles sin que sea una decisión oficial, simplemente sería el resultado de la coyuntura en el mercado internacional.

El caso del diésel es mucho más complicado, pues es ampliamente usado en el transporte público, en el transporte de carga y en actividades como la pesca artesanal. Probablemente este derivado deba ser tratado de manera distinta, como puede ser un esquema gradual en el tiempo para ir focalizando su uso para vehículos exclusivamente de transporte de carga, para la transportación pública, el uso tal vez en taxis y en algún otro medio de transporte.

La buena política económica no es ni de izquierda ni de derecha. Es aquella que con pragmatismo, sin ideologías ni dogmas, busca un beneficio colectivo.

Si se promueve mayor gasto público en obras de infraestructura y se reduce el gasto en vehículos oficiales y viajes, pues se promueve empleo, se genera aumento de la producción y se reduce el despilfarro. Es una mezcla de la escuela keynesiana y monetarista y nadie protesta.