¿Opera el diálogo?

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Cuando las tensiones sociales ganaron la calle por las polémicas leyes de herencias y plusvalía, el Gobierno puso en la mesa el tema del diálogo nacional.

En toda circunstancia, dialogar abona en ideas positivas y es un mecanismo importante en democracia para construir los consensos -a veces satanizados desde el poder como burgueses-.

El diálogo que el Gobierno colocó en la agenda del país, empero, recibió por parte del propio Presidente de la República exclusiones innecesarias. Hacerlo solamente con los actores de buena fe. Entonces cupo la pregunta: ¿ quién determina a aquellos actores de buena fe?

Por eso es que la propuesta de que el convocante del diálogo no fuera el Gobierno y se la pasara a la academia, por ejemplo, o a otros actores sociales menos comprometidos con el fragor de la batalla política, parecía una buena idea.

El diálogo por la equidad y la justicia social -siempre metas importantes y loables - estuvo liderado en una primera etapa por Pabel Muñoz.

Ahora se intenta dar protagonismo a la Asamblea Nacional. No es exacto afirmar que ese diálogo siempre ha estado abierto, como sugiere la Presidenta del ente legislativo. La oposición sabe que se han vivido años de exclusión.

Mientras la calle gana temperatura y trasciende la protesta a sectores sociales y de izquierda con tesis diferentes a las que hace poco planteó la clase media, es bueno insistir en un espíritu de diálogo con premisas sin las cuales no puede funcionar: apertura e inclusión total.