Alto a la intransigencia

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Los episodios del último jueves, a propósito de la aprobación de las ‘enmiendas’ constitucionales por parte de la bancada oficialista, evidencian que el país sigue en un sendero peligroso. Una deriva que conviene desandar, para evitar que la violencia política gane más espacios y ocasione consecuencias impredecibles.

El Ecuador asiste a un enfrentamiento abierto entre el gobierno del presidente Rafael Correa y sectores de la oposición. Una puja que dejó como saldo heridos, entre ellos miembros de la Fuerza Pública y detractores del Régimen -e incluso un reportero gráfico que cumplía su trabajo-, además de 21 detenidos que ya han sido condenados a 15 días de prisión.

Por un lado, el Gobierno, en función de su mayoría legislativa, decidió no apartarse un milímetro de sus planes políticos. Por otro lado, la oposición optó por oponerse en las calles. El resultado es una crispación social que se profundiza.

Estas prácticas no contribuyen a la unidad que el país necesita para afrontar los impactos, cada vez más notorios, de la contracción económica y de la crisis.

Para contrarrestar el golpe de factores externos -como el desplome de los precios internacionales del petróleo y la apreciación del dólar- e internos -como el enorme gasto público- hacen falta mecanismos diferentes e imaginativos.

En lugar de imponer cambios, sin un debate profundo, son más válidos el acercamiento de posiciones y el diálogo. De uno y otro será posible sacar en limpio soluciones duraderas frente a la crisis que se le vino al país encima.