Marco para la consulta

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La consulta popular es un hecho. El 4 de febrero, los ecuatorianos acudirán a las urnas a dar respuesta al llamado presidencial.

Luego de la dilatoria del pronunciamiento de la Corte Constitucional, superada por el Decreto Presidencial y la jurisprudencia en la materia, el Consejo Nacional Electoral tomó el testigo.

Así, lo que viene es la fijación de los parámetros de participación de los actores políticos y la sociedad, en condiciones óptimas para expresar los diversos pareceres con suficiente tiempo, argumentos, espacio adecuado en los medios y especialmente con tribunales plurales en la radio y los canales públicos, a fin de que los electores definan en total libertad y conciencia la orientación de su voto sin interferencias ni coerción, como sucedió durante toda la década copada por un poder excluyente en el Régimen pasado.

Es tiempo de rescatar el verdadero espíritu de la participación ciudadana en democracia y en una consulta popular. La voz de la gente debe ser escuchada, pero la reflexión de una campaña, cuando se goza de libertad y oportunidades iguales, debe ser equitativa para todos los sectores ciudadanos y la diversidad del espectro político nacional.

Entonces, sin el uso abusivo de los espacios y la manipulación de la propaganda que primó en el pasado inmediato, el resultado de este pronunciamiento nacional podrá cobrar legitimidad y plasmarse en las leyes para luego dar paso a la recuperación de la democracia y de la economía.