La transición

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El viernes se cumplió formalmente una reunión atípica. El Palacio de Carondelet, la sede del Gobierno, acogió por primera vez al presidente saliente y al presidente electo.

Los rostros de Rafael Correa y Lenín Moreno reflejaron un cúmulo de emociones, y quizás una de ellas fue la tensión. Hubo palabras mutuas de agradecimiento, pues se trata de un sucesor que lleva la bandera del movimiento que proyectó a Rafael Correa hace algo más de una década al poder.

Queda rezagada hasta mediados del mes de mayo una lista: la del nuevo gabinete. Moreno ha prometido imponer su propio estilo pero a la vez dar una línea de continuidad a los que considera los logros del Régimen saliente.

En el acto del viernes se entregó unos documentos de transición programada por el Gobierno saliente. Se pudiera pensar que es una hoja de ruta, una suerte de manual de procedimientos y prácticas gubernamentales para el primer tramo del nuevo Ejecutivo.
Sin embargo, y pese al reconocimiento de que ambos presidentes fueron la fórmula para acceder al poder en 2007, son dos personas distintas.

Uno de los grandes retos que tiene Lenín Moreno es cumplir su palabra: el énfasis en un nuevo estilo. En sus manos está que aquello de la mano tendida y el diálogo no solo sean palabras de una primera etapa sino una actitud para tomar en cuenta a todos los sectores de una sociedad que ha mostrado tanta diversidad y una polarización profunda.