11 de August de 2010 00:00

UN INFORME ATÍPICO

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Fue el Informe a la Nación más largo del que se tenga memoria -al menos el más largo del siglo XXI-. El Presidente navegó desde el tono académico hasta el discurso de barricada con cuadros explicativos y videos que rompieron lo tradicional.

Desde los vocativos que enunció con otra prelación a la acostumbrada, en los que incluyó un llamado a romper el bloqueo de EE.UU a Cuba, pasando por el tuteo al Presidente de la Asamblea, los llamados de atención a las imprecisiones del “power point”, hasta el sorpresivo anuncio de amnistía al ex vicepresidente Dahik, un gesto que Correa destacó como de reconciliación con un ícono del neoliberalismo que el oficialismo denosta.

El Informe pasó revista a los casi cuatro años de su gestión. Explicó la reestructuración del aparato gubernamental, las áreas estratégicas y renovó promesas de grandes obras en esa línea.

En lo social, tocó a la salud, donde anotó los logros y enfatizó en la desnutrición: la gran deuda pendiente. Dijo que se incrementó la inversión social pero que todavía es más baja que la de varios países. Destacó como punto alto de su gobierno la obra pública (puentes y carreteras).

Notorio fue el espacio del Vicepresidente, quien subrayó en la dignificación de las personas con discapacidad.

El tono altisonante volvió el Presidente para fustigar a la oposición, criticar lo que llamó la verborrea utilitarista de la libertad de expresión. El Presidente se mostró partidario de un humanismo ecologista contra los fundamentalistas. Al mismo tiempo habló de una revolución socialista sin palo ni violencia. En ese conjunto de contradicciones dijo que el Estado es aliado del sector privado, no su enemigo.

El largo informe fue un dechado de sorpresas. Mixtura entre la mano tendida y la descalificación de sus críticos.

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