La impaciente espera

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Luego de las elecciones presidenciales del domingo, y más allá de los resultados conocidos, la tensión se está avivando.

La gran interrogante de todo el país es conocer el alcance del pronunciamiento popular con el anuncio oficial. Las fuerzas políticas que alcanzaron los dos primeros lugares, y los votantes que las apoyaron, se encuentran en un estado de incertidumbre tal, que la autoridad electoral debe poner todo su esfuerzo por atenuar ese impacto.

A esta hora -y habida cuenta de las bondades del sistema alabadas por el titular del organismo la noche del domingo- la inquietud se está trasladando no solamente a los dirigentes de esas fuerzas políticas y sus simpatizantes, sino a los demás ciudadanos.

El resultado que marca una diferencia entre el primero y el segundo lugar tiene una particularidad: la norma suprime a los votos nulos y blancos la calidad de votos válidos -tema advertido oportunamente - y recalcula el resultado en función proporcional, privilegiando a quienes van adelante.

Además, la ley da por ganador a quien obtenga más del 40%, con 10 % de ventaja sobre su inmediato contendor.

Más allá de las proclamas de unos y otros, el país merece saber lo que ocurrió y despejar la gran duda: ¿hay o no segunda vuelta? Y hacerlo pronto.

Declararse ganador o hablar de fraude en nada abona para la atmósfera de tranquilidad y, por sobre todo, de respeto irrestricto a la voluntad popular del voto, que el Ecuador merece.