Hora política incierta

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La noche del martes, Jorge Glas dejó de ser Vicepresidente. El mandato constitucional no extendía su ausencia temporal.

En el Palacio de Carondelet el Presidente se juntó con su Gabinete. Se esperaban con expectativa en el país los nombres de una terna que no llegaron al mediodía como se creía. El pequeño listado - supuestamente el zumo de una criba minuciosa colocó en redes y corrillos una terna -. Todas mujeres, todas ministras, todas allegadas a este y al anterior Régimen, todas militantes.

Si bien es cierto que es entera potestad constitucional del Presidente enviar la terna con los nombres que crea conveniente y luego asignarle funciones para lo que resta de su mandato - algo más de tres años y medio -, no es menos cierto que en los pesos y balances de las virtudes de los nombres elegidos deben ser calificadas de forma atildada. Primero la fidelidad, remarcó un alto funcionario con insistencia. Es importante, vital se diría, pero no la única condición. Es tan importante como esa característica la competencia para el desempeño de las altas funciones y especialmente para el potencial reemplazo temporal o definitivo del Presidente. Y la militancia no debiera ser una condición indispensable. Es clave que el Presidente no tome tanto tiempo para evitar la incertidumbre.

Mientras la Asamblea se apresta al juicio político a un ciudadano despojado de su cargo y cuya causa está en etapa de apelación. La Asamblea una vez más llega tarde a su cita con la historia.