4 de November de 2013 00:01

EMBAJADA EN BIELORRUSIA

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La corta visita del presidente Rafael Correa a Bielorrusia trae interrogantes sobre una relación bilateral que ahora se fortalece con la apertura de embajadas de ambos países en Minsk y Quito.

Es verdad que corresponde al Jefe de Estado dictar la política internacional, pero contrasta de modo evidente que, mientras se ordenó el cierre de las embajadas en Holanda, Bélgica, Austria, Hungría, Polonia, Suecia, Singapur, Sudáfrica y Australia, se lance el anuncio de una Embajada ecuatoriana en Minsk y la apertura de una misión bielorrusa en Quito.

La visita de Correa reciproca la que Alexander Lukashenko hizo a nuestro país hace poco tiempo. El dirigente bielorruso lleva 19 años en el poder y las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos son reiteradas, tanto que 24 activistas políticos están presos, entre ellos seis excandidatos presidenciales contrincantes que denunciaron los métodos electorales.

Ecuador tiene un magro intercambio comercial con Bielorrusia y su avance tecnológico es incipiente, pues según observadores fabrica camiones y está interesada en materia petrolera pese a que su empresa no tiene significativas inversiones en esta materia.

Las razones que alientan esta relación con una antigua República de la ex-Unión Soviética gobernada por el Partido Comunista de la que Lukashenko se declaró admirador, no deja de sorprender y causar inquietudes.

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