El diálogo no avanza

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Las cancilleres de Colombia y de Venezuela se reunieron en Quito. Ricardo Patiño fue el anfitrión y estuvo acompañado del canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa.

La idea, loable por cierto, era sentar las bases para un diálogo de los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Nicolás Maduro. El nudo gordiano: la crisis humanitaria que cunde en la frontera entre ambos países, luego de la decisión del Mandatario venezolano de cerrar el paso y devolver a su territorio a miles de colombianos que vivían en la zona sur del estado venezolano del Táchira.

El trasfondo: la postura tensa de los discursos políticos y cierto lenguaje agresivo que se despliega cuando opera la ‘diplomacia de los micrófonos’. Esto es cuando los políticos hablan más con el lenguaje de la captura de adhesiones y para las masas.

La auténtica labor de un estadista es buscar una atmósfera adecuada para la convivencia civilizada con los países fronterizos, con los que el intercambio comercial y hasta los lazos de familia suelen ser muchos.

La opinión pública ya ha escuchado bastante y sabe aquilatar los desmanes verbales y a los autores de estos. Además,
exige un diálogo civilizado y respetuoso.

La poca efectividad de la OEA para avanzar, el sentido impotente de otras instancias, como Unasur, y ahora los intentos fallidos de Quito solo siguen tensando la cuerda.

Mientras, el drama humanitario con­tinúa, hace daño a las economías de ambas naciones y lastima relaciones y a la gente. Que llegue la sensatez.