16 de March de 2014 00:02

Un año del Papa

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Hace un año el mundo se asombraba. La Iglesia de Roma designaba por primera vez en su bimilenaria historia a un sacerdote argentino como Sumo Pontífice.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, un sacerdote jesuita que tomaba yerba mate y usaba el subterráneo para transportarse, hincha del club de fútbol San Lorenzo y que escucha tango por las mañanas, se convirtió en el papa Francisco.

El Papa eligió ese nombre como símbolo de desprendimiento y humildad, y esa marca ha acompañado su primer año como Obispo de Roma. Alejado del boato de la curia y de los modos tradicionales, cuasi monárquicos de varios de sus antecesores, el papa Francisco no deja de dar señales de bondad, humildad y comprensión para los millones de seres humanos que no comulgan con su credo y de generosidad para interpretar la condición humana.

Los gestos y palabras del Papa tienen gran popularidad y no dejan de llamar la atención. Libros, documentales y portadas de miles de periódicos llevan su imagen, incluidas aquellas revistas universales anglosajonas de prestigio o hasta de la prensa musical y banal.

Pero su mensaje y sus acciones van mucho más allá de la anécdota. Si bien los grandes retos de su pontificado apenas empiezan, el Santo Padre aborda tanto los temas de forma como los de fondo -inclusive los conflictivos como la pederastia y la unión de parejas homosexuales- con buen talante. Francisco es una ráfaga de aire fresco, como él mismo dice, un Papa normal.

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