José Ayala Lasso

El Ecuador y la Unión Europea

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 56
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 13

En mayo de 2010, el entonces canciller Patiño dijo tajantemente que el Ecuador no firmaría jamás un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, repitiendo así la tesis que había mantenido el actual Gobierno desde el año 2007, razón por la que se desvinculó de la negociación que, junto con Perú y Colombia, habían iniciado con la Unión Europea. Estos dos países culminaron sus negociaciones y firmaron el acuerdo que ahora les permite gozar de un tratamiento preferencial para la venta de sus productos al continente europeo.

Las actitudes contradictorias de las autoridades ecuatorianas sobre este tema se han prolongado por varios años. Cuando, en aparente aceptación de las razones de quienes abogaban por llegar a un entendimiento comercial con Europa, el Gobierno se declaraba dispuesto a dar agilidad a las negociaciones bilaterales, no faltaban declaraciones que, similares a las de Patiño en el 2010, reiteraban la “decisión soberana” de no aceptar las “nuevas formas del colonialismo expresadas en los tratados de libre comercio”. Es así como el proceso de negociación comercial ha sido frenado o acelerado, sin orden ni coherencia.

Las salvaguardias arancelarias adoptadas por el Gobierno el año pasado, fueron cuestionadas por Colombia y Perú y demoraron nuevamente la concertación del acuerdo. Por su parte, la Unión Europea dio a entender que tales medidas no se compaginan con las normas de la Organización Mundial del Comercio.

El 31 de diciembre terminarán definitivamente las preferencias arancelarias que Europa concede actualmente al Ecuador. Apremiado por la urgencia, el Gobierno ve ahora, con un inexcusable atraso de años, que los intereses de nuestro país exigen que el entendimiento con la Unión Europea se encuentre en plena vigencia antes de terminar el año.

El Ministro de Comercio ha dicho, después de su reciente visita a Bruselas, que el acuerdo podría firmarse en septiembre u octubre. Si así ocurriera, correspondería entonces someterlo a la aprobación de los parlamentos de la Unión Europea y del Ecuador, trámite que, al culminar, lo pondría en vigencia.

Hay fundadas dudas sobre la posibilidad de que se cumpla el calendario mencionado, ya que el Ecuador está estudiando el levantamiento de las controvertidas salvaguardias arancelarias y su reemplazo con un mecanismo que, de todas maneras, tendrá que acomodarse a los compromisos dentro de la OMC.

Ojalá se perfeccione el acuerdo. Sin embargo, es lamentable que las decisiones erráticas del Gobierno en lo tocante al comercio y sus contradicciones internas le hayan llevado a demorar “soberanamente” un proceso negociador que ahora quiere acelerar porque los hechos le han demostrado que se equivocó radicalmente al supeditar sus políticas comerciales a sus prejuicios ideológicos.