Jorge Ribadeneira

2017, complejo e interesante

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Termina un año muy interesante y bastante complejo. “Por inocentes’ se dijeron muchas cosas y Quito se unió con entusiasmo a la inocentada del 28 de diciembre, que no fue la única del año. Comenzó por los casos del ausente Correa y el sorprendente Lenín, los dos personajes del 2017. Con la circunstancia de que en la elaboración de los “años viejos” el más celebrado fue el Vice sin funciones Jorge Glas, quien terminó el 2017 en la capacha número 4, esperando si lo peor le viene el 2 de enero o más tarde, mientras el abogado Eduardo Franco le vuelve a ofrecer una tabla de salvación. Glas comenzó con un error. Dijo que veía a su tío Ricardo Rivera solo una vez por año, en la fiesta familiar, y luego quedó en claro que no solo eran familiares íntimos sino que hacían sus negocios sin descartar a Odebrecht.

Termina un año apto y con mucho material para la historia, sin que falten las sorpresas y las realidades inesperadas. Hasta espectaculares. Quién se iba a imaginar que Rafael y Lenín se enojen y los amigazos se conviertan en adversarios, culpándose mutuamente. El ex presidente, por cierto, se instaló en Bruselas, con la familia y con unos tantos guardaespaldas. El nuevo presidente, Lenín, hizo lo suyo -instalarse en Carondelet- y anunciar el diálogo con sus amigos y con los adversarios de Rafico, entre ellos los milicos y la prensa.

La ruptura aliancista fue y es toda una historia. Lenín terminó siendo el jefe de Alianza País y el correísmo anunció que en adelante funcionará como la Revolución Ciudadana, aunque los aliancistas de ayer siguen defendiendo sus instalaciones en la Avenida de los Shirys. El anunciado viaje de Rafael no consta entre los éxitos del ex Gran Jefe. Al contrario. El panorama se le ha cambiado y luego de la Consulta es muy posible que eternice su permanencia en Bélgica. Algo que no se esperaba, pues el 2021 era otro año de sus sueños y expectativas. La enemistad del morenismo y la maldita -para él- Consulta cambiaron el panorama.

El presidente Lenín ha tenido altos y bajos. Después de la exitosa Consulta del 4 de febrero tiene que afrontar un tema bastante feo. Cierto que dijo que Rafael le había dejado una mesa mal servida, incluyendo una deuda de casi USD 60 mil millones pero hay que afrontar esa realidad y anunciar el plan económico para los tres años y medio que faltan, obligando a sus economistas a mostrar que saben algo más que formular un plan de reactivación más o menos regular como el que presentaron para gozo de los legisladores correístas.

Termina, pues, un año interesante y complejo, por decir lo menos. Un año que finaliza entre interrogantes, expectativas e inquietudes y vienen tres y medio años que constituyen un desafío para el gobierno de turno. Y falta solo un mes y poquitos días para que el país se entusiasme por la consulta y acuda a las urnas y responda a las siete preguntas que tan bien caen a Lenín Woltaire Moreno y tan mal a Rafael Vicente Correa.