Milton Luna

Delirio descontextualizado

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“Hacia dónde va la universidad, va el país”, dijo un importante dirigente político ecuatoriano y el Gobierno actual recreó dicha sentencia: asignó discursivamente a la universidad el rol de locomotora para transformar al Ecuador: “Cambio de la matriz productiva”, transformar el viejo modelo primario exportador por otro basado en la producción y venta del conocimiento, donde la universidad se convertiría en la protagonista central.

Con el escándalo de Yachay, toda esta premisa se ha ido al suelo. La reforma educativa se derrumba; también la ilusión de cambio estructural del Ecuador. Seguiremos siendo, primario exportadores, como hace siglos. Sin embargo, antes que Yachay muestre sus miserias, la vocación extractivista y minera del Gobierno se reveló tras la decisión de explotar el Yasuní. Yachay y Yasuní configuran el rostro de una modernización capitalista, que tampoco cuaja.

Volviendo a Yachay: ¿Qué pasó? Se repitió la historia de casi todas las reformas educativas de América Latina de los últimos 25 años: toda reforma no dialogada ni consensuada con los actores fracasa. Los tecnócratas diseñan cambios en el escritorio, que los imponen a la realidad. Yachay es expresión del modelo político autoritario.

Las ideas de los tecnócratas, unas lúcidas, otras delirantes, se vuelven políticas públicas, por el respaldo de caudillos mesiánicos que saben que endulzarán su imagen y pasarán a la historia, si respaldan a la educación, concebida como monumentalismo y pieza de propaganda. De esta manera fluyen recursos, gastados a manos llenas por los burócratas, en sus círculos íntimos y redes.

Las reformas tecnocráticas por lo general son descontextualizadas, ahistóricas. Son concebidas por cerebros que, aunque se creen ‘superdotados’, aceptan ser asesorados por otros ‘superdotados’ foráneos, que facturan como tales. La facturación cobró vida con su propia lógica mercantil y fuerza. ¿Se tomó el alma del proyecto?

Aislados de la historia y de la sociedad, los tecnócratas, más que ideólogos, pragmáticos, asumen el concepto neoliberal en su misión de modernización capitalista. Entonces, toman mecánicamente el esquema de universidad norteamericana de ‘primer nivel’, y la calidad educativa como ‘capital humano’, neofordismo, ‘ranking’, evaluaciones estandarizadas, grupos de alto rendimiento, elitismo y creación de patentes para ser ofertadas a las multinacionales. La educación, el servicio del mercado global: ciudad del conocimiento, maquila de patentes.

La maquila es un enclave de las demandas e inversiones foráneas y jamás puede convertirse en locomotora de las necesidades nacionales. Por esto a los tecnócratas jamás les interesó el sistema educativo universitario nacional. Gastó a manos llenas en un delirio descontextualizado.

Hacia dónde va Yachay… ¿va el país?

mluna@elcomercio.org