Manuel Terán

Apogeo y crisis

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Como bien lo retratan los historiadores, en el siglo XX el Ecuador atravesó por ciclos en los cuales el auge económico determinó la existencia de períodos de estabilidad social y política para, finalizada la bonanza, recaer en la agitación social y el reposicionamiento de las fuerzas políticas.

Podríamos empezar por señalar que, posteriormente al movimiento de ‘La Gloriosa’ que instaló por segunda ocasión a Velasco Ibarra en el poder y su subsecuente caída, el país conoció su etapa más larga de democracia en la que se turnaron tres gobiernos: el de Galo Plaza, el mismo doctor Velasco Ibarra y, finalmente, el de Camilo Ponce. Este período estuvo marcado por el auge bananero, con la presencia del país en el mercado mundial que se recuperaba luego de las penurias de la guerra.

Este ciclo terminó con un nuevo velasquismo, que no concluyó su mandato, siendo desplazado por las Fuerzas Armadas que accedieron al poder. Sin embargo, fueron casi tres lustros que se sucedieron gobiernos electos en las urnas, en los que el país veía consolidar su posición como agroexportador, insertándose aunque sea precariamente en el ámbito mundial.

Luego vino el denominado ‘boom’ petrolero. En los setenta, nuevamente con los militares en el poder, se iniciaba la inserción del país en otra actividad que le iba a determinar el rumbo seguido hasta la actualidad.

Se empezó con la exportación del petróleo y la llegada de divisas que transformó definitivamente a la sociedad ecuatoriana, con la primera expansión significativa de la clase media y el abandono de su condición de país dependiente de una economía agraria, para pasar a una que giraba en torno a la explotación y exportación de crudo.

Con los altos precios del barril de petróleo y la relativa modernización de la infraestructura del país, la sociedad postergó los reclamos democráticos y vivió bajo la tutela militar por casi una década entera.

Recuperada la democracia, con los precios del petróleo a la baja y los reclamos sociales por doquier, se volvió a los períodos de crisis en los que los sucesivos gobiernos debieron hacer malabares para atender las urgencias fiscales y sortear las dificultades. Pero terminado el tiempo de bonanza el malestar rebrotó, convirtiendo la disputa política en una encarnizada lucha de diversos intereses.

Ya en la nueva centuria el país ha conocido quizás el auge económico más grande por el que ha atravesado en la historia. Los enormes recursos, como lo mencionan las encuestas que miden el sentimiento de bienestar de la población, ha provocado una sensación de conformidad que a la vez se ha visto acompañado de un período de hegemonía política de un grupo en el poder. Resta saber cómo se comportará la sociedad una vez que culmine este último ciclo.

El año en curso ha dado señales que la etapa de auge podría estar llegando a su fin. ¿Cómo se decantarán los conflictos sociales y políticos en los nuevos tiempos, cuando ya no exista la anestesia de la riqueza pasajera? ¿Lo sucedido en días pasados será o no el inicio de un nuevo ciclo?