Martín Pallares

Las dictaduras son del corazón

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Las dictaduras pueden ser muy buenas. Son las dictaduras que nacen del corazón, las que existen para el bien de todos, las del amor, del pueblo, la patria y de la revolución. No hay que asustarse del término porque hay casos en los que una dictadura está para que todos sean felices, prósperos y profundamente amorosos. ¿Por qué habría de ser mala si quienes la ejercen son buenos y misericordiosos?

Este mensaje, que desconoce toda una historia universal de atropellos, crímenes y miserias y que debe sonar muy familiar a los norcoreanos, es el que contiene la más reciente pieza audiovisual preparada por la maquinaria de propaganda del gobierno de Rafael Correa. Se trata de un ‘spot’ o video donde al inicio se escucha un fragmento del discurso de Daniela Armijos, la estudiante que, según el relato oficial, hizo “llorar a Rafael Correa”, durante la inauguración de Yachay, en abril de 2014.

Luego aparecen imágenes de un pueblo pletórico de amor, solidaridad y progreso social que escucha la dulce y convencida voz de la estudiante. Acto seguido entra una canción o jingle, de dudoso gusto musical, en la cual se dice que “si esto es una dictadura, es porque el corazón les está dictando” y “si esto fuera una dictadura, sería la dictadura del amor, la dictadura del pueblo, patria y revolución”.

Está claro que el ‘spot’ es una burda alegoría para suavizar la palabra dictadura, endulzándola fútilmente con imágenes de niños sanos, mujeres felices y paisajes idílicos. Pero también es claro y por eso peligroso el hecho de que el video evidencia que durante su creación y difusión el uso del término dictadura no produjo ni el más mínimo empacho o vergüenza.

¿Cómo fue posible que se haya hecho una pieza propagandística cargada de un mensaje tan antidemocrático y con imágenes que recuerdan tanto a trágicas referencias totalitarias como Corea del Norte, Cuba o la España franquista?

Podría decirse, en el afán de desdramatizar el hecho, que se trató de una creación aislada que no corresponde a ninguna intención oficial por legitimar un hipotética sistema político alejado de los principios republicanos. Pero lastimosamente los hechos hacen que eso no sea tan fácil de sostener. El video se lo promocionó desde la cuenta de Twitter de la Presidencia de la República y tuvo el impulso no solo de la cuenta personal del secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, sino del propio vicepresidente Jorge Glas y otros funcionarios. Incluso Alvarado llegó a colocar en Twitter un mensaje sin lugar a equívocos: “¡Viva la dictadura en el #Ecuador!”.

Financiar con fondos públicos una campaña para dulcificar la palabra dictadura no solo se aleja de toda ética democrática. Es, además, una peligrosa señal de un posible interés, quizá inconsciente, de abandonar las conductas y formas democráticas.

Desde el humanismo y la historia, un ‘spot’ concebido para dulcificar el concepto de la dictadura es mucho más obsceno que cualquier señal que un muchacho rebelde le pueda hacer a una caravana presidencial.