Pablo Ortiz García

Suenan los vasos

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La gente está cansada de la forma como gobiernan el país. Ha tenido paciencia por años. La población protesta. Antes eran pequeñas muestras de inconformidad expresadas a través de una mala palabra; o de un signo obsceno; o en un plantón.
Ahora, las manifestaciones en contra de Alianza País y sus líderes se dan casi a diario y en toda la Patria.

Las calles han vuelto a ser sitios de expresiones de rechazo a lo que representa el Gobierno y sus huestes.
Las redes sociales son un mecanismo de acceso a información libre, sin censura.

En restaurantes se han escuchado el tintinear de los cubiertos contra vasos y copas señalando la presencia no deseada de algún funcionario cercano al gobernante.

De auditorios se ha expulsado a exponentes del Gobierno nacional.

Mientras tanto, el Mandatario sigue minimizando estos actos de rechazo. Impulsa un modelo político ajeno a la idiosincrasia del ecuatoriano. Considera que todo este movimiento de inconformes se debe a un par de proyectos de ley.

Las instituciones públicas asumen competencias que la ley no les da. Ahora no hay temor de rechazar. Por ejemplo, ¡cómo no protestar por las atribuciones captadas por la Secretaría Nacional de Comunicación, Secom! Pues resulta que si algún funcionario del Ejecutivo no le gusta una publicación, una investigación, un análisis preparado por la redacción de un medio de comunicación, se dirige al “gerente propietario de la Secom” y le solicita que le obligue al medio de comunicación publicar lo que esa institución ha preparado, para lo cual envía el texto de la noticia, el título, el diseño y el estilo.

Aun cuando el medio, previamente a la publicación de la noticia solicita al funcionario público su opinión sobre el hecho para contrastar la información, en muchos de los casos contestan que no “están autorizados” para pronunciarse, lo que acarrea que la Secom obligue al medio a publicar una réplica, que no es nada más que publicidad gubernamental.

Basta de tanto abuso. Basta de tanta invasión a la privacidad de las personas. Basta de mentir a la población.

Basta de subvencionar medios de comunicación ineficientes y mentirosos en manos del Gobierno.

Basta de derrochar odio, abusando de dineros públicos, ahora escasos por una mala política fiscal y pésimos programas económicos destinados a ciudadanos, cuyo error fue poner su esperanza en un proyecto que ha fracasado. Basta de arrogarse funciones para desorientar a la gente.

Se busca respeto a la población, a los valores y enseñanzas de nuestros antepasados, aquellos que defendieron la Patria y derramaron sangre por tener un territorio en que vivir en paz, sin odio y en libertad. Esto es lo que se intenta transmitir a un gobernante cuya capacidad de diálogo es cero, su interés de enfrentamiento es infinito y su tolerancia es inexistente.