Alberto Molina Flores

El edecán quedó para la historia

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Hace un poco más de un año, la Asamblea aprobó la Ley reformatoria a la Ley de Personal de las FF.AA., enviada por el presidente Correa. Por lo tanto, modificó el Art. 45 de la Ley de Personal de las Fuerzas Armadas, el cual se relacionaba con las funciones de edecanes del Presidente de la República, del Vicepresidente, de los presidentes de la Función Legislativa y de la Corte Nacional de Justicia.

En los considerandos de dicha reforma, se establece -sin mencionarlo- que los edecanes de las principales autoridades no son necesarios; se esgrime, entre otros motivos, que de acuerdo a la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, el representante legal de las FF.AA. es el Ministro de Defensa, y no el edecán ¡Eureka!. La presencia del edecán es una representación institucional, simbólica, una demostración de subordinación de las FF.AA. al poder civil, legítimamente constituido.

En relación a la “representación legal”, si utilizamos los mismos argumentos para reformar la Ley de Personal de las FF.AA., los deportistas, reinas de belleza, etc., que salen a competir al exterior, no podrán decir que representan al país; igual, ningún asambleísta podría decir que representa a la Asamblea.

Los edecanes son oficiales distinguidos, con altas calificaciones. Deben reunir, entre otras cualidades, la discreción y la lealtad. Son testigos de las reuniones más reservadas y de muchos secretos; razón fundamental para que el dignatario deposite en él su absoluta confianza.

En la ceremonia de relevo de los edecanes, hace dos años, el Presidente dijo: “Tanto en lo institucional, como en lo personal, los edecanes deben ser incorruptibles, discretos y leales, porque no cualquiera puede tener acceso a reuniones reservadas e incluso a información secreta y de seguridad del Estado”. Ahora, Correa prescinde de ellos.

Eliminar la presencia de los edecanes es negar la historia, las tradiciones de una institución como la militar que se la debe respetar. Durante 186 años de vida republicana de nuestro país, los presidentes y las principales autoridades del Estado han sido acompañados por sus leales edecanes militares. Ahora, en este Gobierno, haciendo piruetas jurídicas, negando la importancia de la presencia de los edecanes, se prescinde de sus servicios; quizá se deba a que hay una injustificada desconfianza en los edecanes y, por ende, en las FF.AA. y su presencia resulta incómoda para los revolucionarios que requieren absoluto secreto en sus reuniones. La decisión del presidente Correa constituye una afrenta más para las gloriosas FF.AA.

Hay diferentes formas de debilitar a unas FF.AA. democráticas y victoriosas. Una es cuantitativa, es decir, disminuyendo sus efectivos, armamento y equipo; otra, cualitativa, que hace mayor daño. Por lo tanto, todo lo que se pretende es menoscabar la moral y el prestigio que tienen los militares ecuatorianos.