20 de junio de 2014 19:20

Inseguridad Ciudadana

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Barry Morocho

Dos años se cumplen desde el trágico 18 de junio de 2012 que cobró la vida de mi padre; una víctima inocente de la inseguridad en un lugar público que podría ser considerado “seguro”.

Ese doloroso día evidencia, mas allá de la delincuencia común y organizada, que las operaciones logísticas y de transporte de dinero, al igual que operaciones en centros cerrados y en instituciones financieras, son deficientes, inseguras y sujetas a regulaciones y controles blandos que no precautelan la seguridad ciudadana. No podemos tomar un café tranquilos en un sitio común sin que personal armado ingrese a recoger dinero a plena luz del día, con docenas de clientes inocentes e inconscientes del grado de riesgo que este tipo de operaciones podría poner en sus vidas.

Seguimos viviendo en una realidad de inseguridad generalizada que va más allá de las percepciones donde la falta de conciencia operacional de los actores y autoridades nos cambian la vida, nos rompen el corazón, nos acaban el alma y nos quitan la tranquilidad cuando por sus deficiencias nos arrebatan a los seres que amamos.
Dos años han pasado y seguimos esperando algún cambio para prevenir más víctimas inocentes en el futuro.  

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