León Roldós

De tocar, les tocará

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En todo proceso revolucionario –o que hay la pretensión de así considerarse por quien lo lidera y su entorno- las purgas o depuraciones se multiplican.

En la Revolución Francesa hubo la época del terror, actores de esta fueron pasados por la guillotina, inicialmente establecida esa vía para la ejecución de la realeza y su entorno. Igual en la Revolución Soviética, sobre todo los crímenes en la época del Stalinismo.

En el Ecuador, en la campaña del 2006, aparecía Alberto Acosta como el ideólogo así reconocido por el candidato Correa; y Gustavo Larrea como el estratega político. El 2008 cayeron en desgracia. Y a Acosta, el presidente Correa no pierde oportunidad de cuestionarlo. Los más lúcidos de Alianza País en el discurso, pero que se alineaban a la hora de votar, en la Asamblea de Montecristi, 2007-2008, que hasta aceptaron que les cambien el texto constitucional en la versión final, que es cuando “constitucionalizaron” la toma y dependencia de las funciones del Estado, de los órganos del poder público y de las entidades de control, bajo la Presidencia de la República, en su mayor parte ya están fuera de la Revolución Ciudadana.

Y pasamos a la Fuerza Pública. Son algunos los episodios de corte de cabeza que se puede citar -y no me refiero al caso del asesinato del excomandante de la FAE, general Jorge Gabela, muy mal manejado por el Gobierno- sino a otros, como el del general Tamayo, que quedó separado de la Comandancia General de la Policía Nacional, el viernes 3 de julio del 2015, aparentemente por negarse a reprimir una marcha en Quito. Y no solo que quedó fuera, sino que la misma noche desde el Gobierno mencionaron que estaba en investigación por supuestas irregularidades en la institución, de las que no se volvió a hablar. ¿Fue intimidación – amenaza de encenderle un supuesto rabo de paja?

El lunes 9 de noviembre del 2015, sucedió algo inesperado, en la audiencia citada para juzgar a los oficiales militares supuestos responsables de torturas y hasta de violencia sexual -¡qué grave!- en los años 80, contra miembros del movimiento Alfaro Vive Carajo, hoy vinculados con el Gobierno.

Casi no faltaban oficiales generales y superiores en servicio pasivo, que sus condiciones les permiten pronunciarse, de diferentes épocas, en solidaridad con los procesados; y estuvo el actual Mando Militar, con rango de generales en servicio activo, que precisaron que estaban ahí por una posición institucional –esto es formal de las ramas de las Fuerzas Armadas-.

El temor lleva usualmente a achicarse, a que no se visibilice una presencia o solidaridad; a veces, es lo contrario, se asume una posición abierta y frontal, si de algún modo se piensa que visibilizados o no, más temprano que tarde, con cualquier pretexto, puede caerles el hacha.