Mauricio Pozo Crespo

Economía en ‘stand by’

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Columnista invitado

Son pocos días transcurridos del gobierno del Presidente Lenín Moreno. En el ámbito económico se hicieron algunos pronunciamientos en la línea de defender la dolarización, de asignarle al sector privado un rol más activo, de no fomentar monedas paralelas, entre otros mensajes que se pueden calificar de positivos. Las reuniones con empresarios, banqueros y sectores críticos del anterior gobierno han mostrado apertura del nuevo Dignatario del país. Esta retórica favorable debe estar acompañada de acciones que permitan confirmar lo dicho e ir ganado confianza.

En la parte política se han dado pasos de mostrar independencia con el anterior gobierno como ratificar a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional como las instituciones encargadas de la seguridad del Presidente sin hacer uso de seguridades “paralelas” o eliminar las rondas sabatinas. Sin embargo, como todo proceso de gobierno, los hechos dicen más que las palabras.

Las cifras del año 2017 son, podría decirse, “escalofriantes”. El déficit fiscal por los 5 primeros meses es de USD 2 600 millones y la estimación del desequilibrio para todo el año llega a USD 8 300 millones. El total de recursos que requiere el Presupuesto para cubrir el déficit anotado y otras deudas se acerca a los USD 18 mil millones, cifra que obviamente no se va a poder “levantar”, por lo que si se aumenta la deuda, se seguirán acumulando atrasos, la brecha fiscal finalmente quedará en aproximadamente USD 6 200 millones. Esta realidad permite indicar con bastante seguridad que la tónica de política económica seguiría siendo la misma si no se corrigen los temas de fondo. El gobierno podría seguir haciendo uso de las reservas internacionales del Banco Central y pagando esos préstamos con lo que se le ocurra, como el pago con acciones de empresas públicas. Lo de fondo es la presencia de un excesivo gasto público que hasta ahora no dicen cómo lo van a reducir. Afirmar que va recortarse el gasto de inversión sin que se transfieran competencias al sector privado y que éste decida invertir al tiempo de no tocar el gasto corriente es profundizar la recesión y no mejorar el empleo.

Esto no es un problema de monedas y billetes o que la gente tiene demasiada liquidez en sus manos, como han mencionado, éste es un problema más complejo: un tamaño del Estado que no pueden ya alimentar. La temperatura llega porque hay una infección adentro y no se arregla con analgésicos, como más deuda o pagar obligaciones con activos de empresas públicas que valen poco o nada. Esto se corrige con decisiones graduales pero firmes: darle al Estado el rol que le corresponde y un programa económico creíble y con respaldo internacional. Mientras esto no ocurra, la economía seguirá de mal en peor. Estamos en una “calma chicha”, en “stand by”. La fuerza política puede irse perdiendo.