Marco Arauz

La economía del poscorreísmo

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A su paso por Quito, un consultor exitoso en el exterior halla que el Ecuador político está pasmado, a solo un año de las elecciones presidenciales.

Hay -dice- pocas alternativas a la vista y, sobre todo, pocas estrategias en juego; el Gobierno mantiene la iniciativa para el 2017.


Quizás esa falta de agenda explique el hecho de que el multitudinario homenaje académico del jueves a Enrique Ayala, por su desempeño en el rectorado de la Universidad Andina, se haya convertido en un espacio de encuentro entre políticos opositores de distintas tendencias.

La pregunta que parecía flotar en el ambiente era: ¿por dónde arrancar finalmente?
 La dispersa unidad opositora no cuaja en la vida real. Por un lado, aún no hay líderes presidenciables que puedan asegurar una segunda vuelta. Por otro, el intento de ganar espacios en la Asamblea Nacional choca con las normas electorales vigentes y con la falta de figuras que jalonen las listas.


Hay dispersión entre los posibles candidatos de la llamada derecha, y desde el centro hasta la izquierda no surge ningún candidato que lime las diferencias. Quienes lideran la concertación en este espectro creen que el terreno de la disputa con AP debe darse en el centro político. En el otro lado, el Gobierno sabe que debe ganar en primera vuelta y está dispuesto a hacer todo lo necesario.


Desde luego, la realidad económica juega en contra. Hay pérdida de empleos y la economía, tanto pública como privada, está en crisis. El Gobierno puede seguir sobreviviendo con endeudamiento para compensar la falta de ingresos pero, al mismo tiempo, este escenario limitará a quien llegue a Carondelet. Como sea, dar un golpe de timón le será más fácil a alguien que venga de afuera.


El Gobierno juega con varias cartas y el exvicepresidente Lenín Moreno es el mejor puntuado, aunque eso no significa que haya dejado de trabajar en la figura presidenciable del vicepresidente Jorge Glas. A la vez, va quedando claro que Moreno no está dispuesto a formar parte de una nueva etapa que signifique una ruptura del actual estado de cosas. 
Ello, tanto por la distancia que marcó con Democracia Sí como por su cercanía con AP esta semana.

No parece que en esas circunstancias pueda poner muchas condiciones si llegara a aceptar la candidatura de su movimiento. Lo que se está negociando, según se sabe, es el equipo ejecutivo que lo rodearía.

Nada está claro en la oposición y, al parecer, todos prefieren dejar correr el primer semestre para evaluar mejor qué pasa con la economía. Moreno es la opción que más le conviene a AP para pelear la Presidencia.

¿Pero a Moreno le conviene pelear la Presidencia? Más allá de las lealtades, sería bueno que se asesorara con economistas y es preferible que ellos no sean de AP.