Jorge León

Economía, elección y comunicación

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Si la economía continúa recibiendo nuevas entradas, el petróleo mejora el precio y crece el endeudamiento (al gobierno no parece importarle las negativas consecuencias de tamaño endeudamiento), podría presentar más bien una imagen positiva al momento de las elecciones. Esto incidiría positivamente en los resultados a favor del candidato de AP y de sus asambleístas. A menos que aparezcan escándalos de corrupción de personas próximas al Presidente.

El gobierno ha logrado crear la imagen que los corruptos son pocos y aislados, que combate la corrupción. Su sistema de comunicación tiene bien ganada a la mayoría. El gobierno se basa en el hecho que esta no conoce de estos problemas, le preocupa el día al día.

Según las encuestas, el Presidente sigue siendo la persona más aceptada y creíble aunque el apoyo fuerte descendió, mientras el rechazo se ha incrementado. Las denuncias de abusos y corrupción no le han mermado como muchos esperaban. Lo es en ciertos medios.

Salvo que la mayoría no ha optado aún y es el dato más importante. Pero podríamos decir que no sólo los gobernantes practican el cinismo sino que la población con su indiferencia llega a lo mismo o a la apatía.

Uno puede captar en el espacio público, que un alto porcentaje ciudadano se queja de sus angustias del alto costo de la vida, desempleo o inseguridad ante el futuro, sin embargo, no llega a percibir una alternativa y se queda en la duda si continuar o no con el gobierno.

De un modo u otro, regresamos a este punto, el elector no capta aún una alternativa convincente, con lo cual bien puede regresar a la idea del “mal conocido”. Ello a pesar la reducción significativa de la confianza en la economía o de las perspectivas económicas, así como la reducción de la confianza en el gobierno y en las instituciones.

Los contrincantes no logran crear imágenes de comunicación que compitan con las del gobierno, por lo demás establecidas desde hace tiempos. Es difícil, desde luego, defender ideas neoliberales cuando por años fueron devaluadas o considerarse de la buena izquierda sin aspectos concretos que la vuelvan visible y aceptable. En esta guerra de comunicación, en que el gobierno es experto, al tener 10 años de experiencia, los oponentes no logran definir lo que quieren vender. Un déficit de comunicación desventajoso, pues el tiempo apremia.

Así, frente la población, gobierno y oponentes están empatados en rechazos y aceptación. Pero la oposición tiene una amplia población a ganar y tendencia a la baja del gobierno. Sin embargo, no parece disponer del instrumento clave que se llama comunicación, gana entonces la apatía o a la larga el regreso a lo de antes, pues el cinismo también es ahora parte de la realidad, fruto precisamente de la polarización política que el gobierno implementó.

jleon@elcomercio.org