Abelardo Pachano

En los límites

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El año que empieza no dio respiro a las economías del mundo. Inició con pie cambiado confirmando las sospechas de una etapa con marcadas turbulencias. No hay nada que hacer. El ciclo sigue su curso y las lecciones no aprendidas cuestan caro. A los problemas hay que lidiarlos con mucha paciencia pero también con consistencia. Y esto último es un factor ausente en algunas partes, aunque por aquí, en la parroquia, digan lo contrario. Es una pena, pero vuelve la incertidumbre a opacar la perspectiva y ahora con varios actores y distintos problemas.

Para empezar: China, el gran financista -aunque no único- del Ecuador, que desde hace rato limitó sus ventanillas crediticias y enfrió las relaciones, sigue siendo un país con restricciones informativas (conocidas como opacidad), que incomoda a los mercados, cuyas reacciones les han puesto en la frontera del histerismo.

Es por cierto la segunda economía del mundo, cuyo cambio de modelo de inversión intensa hacia el de consumo marca una dinámica menos acelerada, que ha traído cola en el comercio internacional. Compra menos productos y se desmoronan los precios de los productos básicos. Pero, ahora son sus mercados de capitales los que producen ruido, a pesar de sus todavía reducidas dimensiones (30 % del PIB).

Mientras EE.UU. sigue con datos sólidos, Inglaterra le sigue por igual sendero y Alemania no se decide a flexibilizar su política económica para superar el obstáculo que la eurozona es para la recuperación de la economía mundial. Japón parece ser más un factor que perturba antes que un colaborador de la solución.
Así están las cosas en el mundo. Confusas. Pero no dramáticas como parecen o algunos nos quieren hacer creer. Ya volverán las aguas a sus cauces naturales. Es cuestión de paciencia. Algo se perderá de dinamismo, pero será marginal (el FMI calcula una pérdida del 0,1 %). Sin embargo, para algunos países, entre ellos el nuestro, el horizonte no tiene esa perspectiva. Los problemas son coco y caña. Se mantiene un recesión cada vez más profunda. El Banco Mundial la calcula en el 2% y la banca internacional está muy cerca (1,9% de caída del PIB en el 2016).
El BCE está financiando el déficit fiscal (para eso sirve el Código Monetario) mediante compra de bonos (1 300 millones), emisión de TBC (200 millones) y, por ello ha perdido reservas.

¿Hasta dónde quieren llegar? El país cada vez tiene menos amortiguadores. De ahí que el riesgo externo esté por sobre los 1 400 puntos y la economía siga estrangulada. Pocos prestan -algunos solo ofrecen- pero se hipotecan activos estratégicos. Y encima negocian pagar este año 1 000 millones de dólares a la Oxy. Pero, para algunos la crisis es una ficción.