Marcelo Ortiz

Duro camino a la democracia

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9 de May de 2014 00:02

Los pueblos son unidades políticas de los Estados modernos soberanos, y están enmarcados en textos constitucionales legitimados por sus representantes en Asambleas que, a su tiempo, fueron elegidos en actos electorales. Allí, en esa coyuntura política está la médula del ejercicio del poder, pero una vez más hay que recordar que la expresión del voto en las urnas es la decisión final de las personas masificadas, porque perdieron su individualidad.

Le Bon decía que lo inconsciente social surge en primer término y la superestructura psíquica desarrollada por cada individuo queda destruida. Por tanto, el líder de un movimiento o partido actúa para uniformar esa base inconsciente, y esa voluntad soberana ya no constituye garantía del cumplimiento de las ofertas electorales. Al constituirse en pensamiento dominante, disfraza a todos los mecanismos de evaluación, anulando la posibilidad de conocer si sus representantes, líderes y quienes están en la cumbre del Gobierno han cumplido lo prometido. Fue diferente el escenario cuando tomaron el poder democrático con independencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, porque en el ejercicio del poder la abolieron, y esa fuente originaria legítima dejó de existir. Esto ha pasado en muchos países, pero ese modelo surgió en Cuba hace 55 años y lo asimiló Venezuela.

Carlos Alberto Montaner ha dicho, sobre el desastre venezolano, que se trata de que la pieza clave de esa Jaula que constituyen los Estados totalitarios es sencilla: "eliminar la separación de poderes, aunque mantengan la fantasía de que continúan existiendo". Afirma que "el Parlamento es un coso taurino donde clavan banderillas a la oposición, golpean a diputados que protestan o expulsan arbitrariamente -caso de María Corina Machado- y donde se ajustan medidas represivas convenientes a la oligarquía socialista". Agrega "como quienes mandan hacen las leyes, juzgan e imponen los castigos, acaban por generar un terror insuperable".

Por su lado, el Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, hace pocos días ha estado en Caracas, y se ha llenado de orgullo al presenciar que millares de estudiantes, la parte vital de ese pueblo, han transformado la acción política en la ocupación pacífica de sus plazas y calles en todo el territorio, como estrategia para detener el abuso del poder. "...hombres y mujeres comunes que nunca hicieron política y ahora la hacen, jugándose los trabajos, la tranquilidad, la libertad y hasta la vida, impelidos por la conciencia de que, sino hay un sobresalto nacional democrático que lo despierte y movilice, su país se va a ruina… el Régimen en su empeño frenético de colectivizar y estatizar, ha empobrecido y destruido a uno de los países potencialmente más ricos del mundo… los estudiantes sin pegar tiros ni poner bombas, con razones y palabras, como hacen los artistas, que conmuevan y eduquen a los otros y los embarquen en la empresa libertaria, no importa cuán grande sea el abismo en que la demagogia y la ideología lo han precipitado…". Para qué más palabras y quizá haya solidaridad externa.