Enrique Echeverría

¿Duelo moderno?

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eecheverria@elcomercio.org

En nuestro Ecuador no ha tenido acogida la costumbre del duelo como medio para reparar ofensas. El presidente Eloy Alfaro, en 1906, aprobó el Art. 414 del Código Penal e introdujo lo que sigue: “La provocación a duelo será castigada con prisión de quince días a tres meses y multa de cuarenta a cien sucres”.

 Hasta bien avanzado el siglo XX, algunos desafiaban a duelo a quien había ofendido su honra o dignidad, pero en los hechos no prosperó; y, poco a poco, en el lugar de duelo a balazos, o con espada, algunos acudieron a desafiar a puñetes; o a utilizar la ironía en respuesta.

Recordamos, en el primer caso, al diputado Luis Salas Mancheno, a quien otro legislador le desafió a duelo en plena Cámara; él reaccionó inmediatamente instando al desafiante que, si es hombre, salga del recinto con él y, afuera, solventaban el problema a puñetazos.

En cuanto a la ironía, es célebre la reacción del diputado Alfredo Pérez Chiriboga a quien, en plena Cámara, un senador por la provincia de Los Ríos quien consideró haber sido ofendido, le desafió a duelo. El diputado quiteño de cepa, ingenioso y de temperamento alegre, con el gracejo que era propio de él, ante la expectativa de los legisladores, se puso de pie y cuando todos esperaban tensos la respuesta, expresó: “señor Presidente, ante el desafío del señor Senador, … me doy por muerto”. Una sonora carcajada de los legisladores sepultó, enese momento, el desafío a duelo.

El duelo, según la costumbre antigua, se cumplía bajo estrictas reglas del Código del Honor. Era costumbre de personas de la nobleza. Las armas a emplearse eran la pistola, la espada y el sable. Se escogía el campo del honor o lugar para el combate. Se nombraban padrinos de los contendientes, quienes acordaban el día, la hora y el lugar del lance. Concurrían uno o más médicos para dictaminar sobre las heridas y atender a los duelistas alcanzados por las armas. Los combatientes utilizaban ropa ligera para la contienda. El duelo terminaba por la victoria de uno de ellos, o por empate si no se alcanzaba ni a tocar con las armas; o si, hechos los disparos o ejecutados los asaltos, no había resultados, y, finalmente, por reconciliación en el mismo campo de honor.

Si seguimos las enseñanzas del Dr. Guillermo Cabanellas había también un “duelo criollo” para personas comunes.

En el Ecuador de estos días, hemos estado ocupados no de un duelo, pero sí de una lucha “uno a uno”, entre el Presidente de la República y el diputado Andrés Páez. Puesto que esta no tuvo lugar, sirvió por lo menos para distraer la atención pública ante la crisis económica y preparar el ánimo ciudadano para adoptar medidas indispensables tendientes a mejorar la economía, con el concurso de los empresarios privados y con la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), hasta hace poco rechazado.