Alfredo Negrete

Dudas burocráticas

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8 de August de 2013 00:01

El prestigio como ecuatoriano de bien en sus planos personal y familiar, la excelencia con la que participó en el fútbol profesional de Ecuador y México, el orgullo y la alegría con que vistió la camiseta tricolor de la Selección, así como el dolor que afectan hondamente a su esposa, hijos, familia y amigos, no pueden ser excusa para que no se expresen dudas, sobre el entorno en que se dio la muerte del célebre 11 de la divisa nacional.

La duda no es una certeza y menos una acusación. Venga de profesionales del ámbito correspondiente o de ciudadanos comunes. Es una inquietud natural sobre acontecimientos imprevistos y que provocan la necesidad de ir más al fondo, indagando las causas o motivos que los produjeron.

Es necesario, en el caso Christian Benítez, empezar por conocer el papel que desempeñó nuestra Embajada en Doha, capital de Qatar, un Estado con el que, ahora se conoce, el Ecuador mantiene intensas y fraternas relaciones. ¿Esta sede dispone acaso de algún parte médico o policial sobre lo acontecido? ¿Cuál es la historia clínica que informa sobre el ingreso del jugador, nombre de los médicos y asistentes que los atendieron en la emergencia, los tiempos y procedimientos hasta su fallecimiento? Las autoridades debieran disponer de estos documentos, traducidos, notariados o certificados por nuestra legación diplomática; pero además, tenemos derecho a conocerlos.

Un segundo capítulo radica en la inquietud sobre el protocolo de la primera autopsia. ¿Dispusieron las autoridades nacionales y los médicos que practicaron la segunda en Monteolivo del instrumento, traducido, para cotejar y proceder a la segunda? Finalmente, respecto a la segunda autopsia se exigen algunas respuestas. ¿Fue necesaria y por qué motivo? ¿Qué autoridad la ordenó y sobre qué indicios? ¿Qué cardiólogo estuvo en el lapso intenso del desembarco y la práctica de la nueva necrocirugía? ¿Existe solvencia para certificar, bajo las obvias presiones, que había una afección coronaria degenerativa, al decir del vocero de la Federación de Fútbol, y que era tan grave que tenía que conducirlo a una muerte inmediata? ¿Cómo es posible que un deportista de 27 años de edad, de una intensa y dura vida profesional, haya sufrido una deficiencia cardíaca que solo podía ser descubierta después de fallecido; con el agregado que tenía arterias susceptibles de mayores flujos sanguíneos? El tema es delicado, pero hay que separar la pena y la nostalgia por la partida de un futbolista enorme, del dolor de los suyos de la necesidad de conocer pormenores para la tranquilidad ciudadana.

Queda la duda sobre una negligencia, impericia o imprudencia en el centro de salud donde fue atendido. Algunos o muchos ciudadanos aspiran a informaciones documentadas y no a precipitadas declaraciones de galenos o de dirigentes deportivos sin competencia profesional alguna.