Miguel Rivadeneira

El drama del desempleo

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El drama del desempleo comienza a sentirse aunque el Gobierno intenta minimizar el impacto. Pretenden enseñar otra realidad de la que ocurre en el día a día con profesionales, no profesionales y mano de obra no calificada, que viven angustias e incertidumbre por su futuro laboral. Uno de los problemas es la reducción de personal en las empresas, muchas de las cuales tienen cuentas pendientes por cobrar del Estado por centenares de millones de dólares.

Ese es el caso de un sector que ha sido muy dinámico los últimos tiempos: la construcción. El drama viven los profesionales que agrupados en la Cámara de la Industria del sector hacen encuestas directas (no las oficiales) que reflejan la realidad. Así lo confirmó su Vicepresidente. Reducción entre el 32 y el 52%, de acuerdo al número de trabajadores, que tiene una incidencia en cascada. Se afectan proveedores, ferreterías, empresas de cemento, hierro e incluso quienes viven diariamente con sus canastas de comida. Son pequeñas y medianas empresas seriamente golpeadas, incluso en sectores muy activos como la venta de alimentos.

La respuesta oficial ha sido: es verdad que ha subido el desempleo, pero el Ecuador tiene la menor tasa en América Latina, como si con ello se arreglara el problema. Se compara con Colombia pero solo en ese campo. Por qué no lo hacen con otros indicadores para comprobar la gran diferencia en inversión extranjera y riesgo país, que inciden en la generación de confianza. En lugar de bajar el riesgo país sube y se ubica en alrededor de 1 700 puntos.

La falta de decisiones pragmáticas, que enfrenten con éxito la crisis económica, les lleva a formular recomendaciones lamentables que no pueden ser parte del urgente programa económico que se necesita. El uso de la tarjeta de crédito, cuando muchos desempleados ni siquiera han tenido acceso a la misma. Enseñan todo lo contrario y dan mal ejemplo con los recursos públicos de lo que debería ser el manejo austero de las finanzas personales.

No se quiere reconocer esta situación y como intentan seguir vendiendo la imagen de que no hay crisis, recesión ni contracción económica, no atinan a tomar medidas porque cuidan primero la imagen política, más aún en un año electoral porque quieren evitar mayor desgaste del que ya tienen. Todo a costa de postergar las soluciones, algunas de ellas que han sido mencionadas. Una: reducir sustancialmente, no a medias, el enorme gasto público.

En lugar de seguir con el discurso que se agota deberían preocuparse de solucionar los acuciantes problemas sociales. Para muestra un botón: cómo es posible que se haya paralizado de nuevo la ejecución del Hospital Marco Vinicio Iza de Sucumbíos por falta de pagos al contratista porque el Estado está en aprietos. Esto afecta a los más necesitados que concurren al hospital público, que no tienen tarjeta de crédito, y cuya terminación se ofreciera para este febrero.

mrivadeneira@elcomercio.org